LA DIANA
Entre lo histórico y lo efímero
Por Irene Flores
Muchos asuntos se agolpan en la actualidad mientras seguimos expectantes sobre el modo en que va a desarrollarse el comercio fronterizo a través del nuevo paso habilitado por el Barrio Chino; mientras seguimos preguntándonos en qué momento se decidió que el trasvase de porteadores, en principio aparentemente transitorio, debía convertirse en indefinido, y mientras seguimos cuestionándonos quién ha tomado realmente esa decisión: si los comerciantes y empresarios melillenses o el interés de Marruecos por desviar a los compradores marroquíes, como reconoció a este medio el responsable del área de Fomento de la Delegación del Gobierno, Joaquín Arana.
Como decía ayer, parece ser que todos están de acuerdo en que ese comercio debía desviarse y que a nadie preocupa que con ello pueda aminorarse o empezar a menguar aceleradamente ante de lo previsto. Me sigue asaltando la duda sobre nuestra capacidad de encontrar alternativas a un comercio tradicional que hoy en día aún está muy unido a una de las principales fuentes de riqueza de nuestras arcase públicas y que, en un plisplás se ha llevado para siempre esa imagen dura y efectivamente tercermundista que a diario nos mostraba Beni-Enzar.
No es cuestión de insistir sino de reparar en un hecho histórico que está pasando demasiado inadvertido y que, por ahora, se soslaya en su vertiente conflictiva con la convicción, según la Delegación del Gobierno, de que todo se debe a problemas de adaptación. Habrá que ver qué primer balance se hace, cómo se acopla el paso por Beni-Enzar para los marroquíes que no participan en las operaciones del comercio transfronterizo, y qué incidencia final tiene todo este cambio.
La unanimidad no siempre ha sido absoluta cuando se ha abogado por un cambio como el que se ha producido. La oportunidad a la hora de llevarlo a cabo es, en cambio, otra cuestión, y no ya por las quejas efectuadas de la Ciudad Autónoma contra lo que el Gobierno local ha calificado de falta de información pertinente y suficiente por parte del organismo gubernativo. Durante años hemos venido especulando sobre la conveniencia o no de trasladar ese comercio al Barrio Chino y por fin se ha hecho, más que por nosotros mismos por el interés explícito de Marruecos a costa de las obras en su frontera.
Hay quien ve en estos movimientos y en la polémica reducción del Ejército una serie de medidas dañinas que atacan a la propia medula de la Melilla actual, muy enfrascada en buscar soluciones económicas de futuro pero muy poco exitosa en el arduo empeño.
Evitemos no obstante rayar el catastrofismo y esperemos el tiempo prudencial para hacer balance, aunque la falta de información suficiente en los dos asuntos no anime a generar confianzas sino todo lo contrario.
Muchos otros asuntos, como decía al principio, eso sí, más mundanos y domésticos ocupan también a nuestra clase política local. No son menos importantes. La reordenación del Rastrillo del Polígono sigue trayendo cola, y de nuevo nos vemos en vísperas de un futuro acuerdo después de que ayer, en lugar de los temidos ‘piquetes’ que esperaba el consejero Antón, lo que se manifestara fuera una demanda mayor de vendedores de los que en principio se habían avenido a montar tres días en semana en la zona por todos conocida como del Rastro.
Dos cosas quedan claras en lo tocante a la venta ambulante: Los vendedores han demostrado su incapacidad para negociar como un grupo único y unos representantes válidos. El cambalache de portavoces y los cambios de decisión constante entre los afectados no está ayudando a encontrar una solución necesaria para revitalizar la zona del Rastro. Una alternativa que, además, dotaría a una zona próxima al centro de un mercadillo más accesible para ser visitado y que promete generar beneficios. Sigue el cauce de la solución que, entre tanto, sigue demorándose.
En este artículo, de relates a partir de temas varios, podría entrar en otros asuntos más políticos. Pero me aburre, tanto como me sorprende que CpM, a estas alturas, quiera sumarse a la federación de IU. Para consumar su adhesión hace falta una Asamblea federal; en cambio, para dotar de dobla militancia a las filas cepemistas no hace falta ni asamblea ni nada. Menuda paradoja para partido tan democrático y ‘sensible’ como dice ser el de Mustafa Aberchán. Me da que algún antiguo dirigente local de IU, hoy en día muy próximo a los cepemistas, va a terminar volviendo al antiguo redil aunque esta vez lo haga con seudoestética de musulmán fundamentalista. Es sólo un chascarrillo o una licencia, espero que nadie se moleste, porque en Melilla escribir así, a diario, y andar opinando de todo, a veces resulta muy difícil. Pero esto, corre de mi cuenta. Para mañana dejo otros temas, como la futura Feria que tanto preocupa al socialista Amin Azmani. Entre tanto, no quiero pecar de presuntuosa pero mi blog, por si alguien quisiera echar un vistazo a anteriores artículos de ‘La Diana’, se puede encontrar en la dirección http://ireneflores.blogspot.com/.
Artículos de opinión de la actualidad melillense
miércoles, 18 de junio de 2008
La DIANA DEL MARTES 17-6-8
LA DIANA
Cambio histórico en la frontera
Por Irene Flores
Un antes y un después se inició ayer en la vida económica de Melilla, especialmente en lo relativo a sus relaciones comerciales con Marruecos. El trasvase de los porteadores que a diario protagonizan el llamado ‘comercio atípico’ o comercio transfronterizo, desde la aduana principal de Beni-Enzar, al más angosto, estrecho y difícil del Barrio Chino, anuncia el principio del fin de una realidad comercial asentada desde hace décadas y, hoy en día, en retroceso, a causa del progresivo desarme arancelario marroquí, cuya finalización se prevé para el 2012.
Hablaba ayer el presidente Imbroda de la inmediatez repentina, casi de improviso, con que la Delegación del Gobierno ha procedido al trasvase de unos porteadores de un paso fronterizo a otro. La primera autoridad local disculpaba así que la Ciudad Autónoma aún se vea enfrascada en la instalación de los medios y recursos que aporta a la operación, con el fin de favorecer la buena marcha del cambio de ruta impuesto a los porteadores del mismo comercio con Marruecos.
No obstante, hay un aspecto sorpresivo en toda esta historia porque no estamos, como parecía pensarse en un principio, ante un trasvase transitorio entre tanto finalizan las obras de mejora de la frontera en la parte marroquí. A estas alturas, no hay duda de que se trata de un trasvase definitivo que anuncia nuevos tiempos y que consuma el final de toda una época determinante en el desarrollo y crecimiento económico de nuestra ciudad en las últimas décadas.
De un anuncio vago sobre el traslado de porteadores al Barrio Chino, se suponía que exclusivamente para favorecer las obras fronterizas por parte de Marruecos, hemos pasado a un trasvase histórico que nos incardina en una nueva etapa económica y que nos anuncia los cambios por venir a costa del mayor desarrollo en el Marruecos cercano.
Afortunadamente, en este asunto todas las partes con mayor implicación e interés parecen estar de acuerdo: Cámara de Comercio, Confederación de Empresarios, sindicatos y administraciones públicas, tanto central como autonómica, han certificado la conveniencia de trasladar un comercio que imprimía un carácter tercermundista a la principal aduana y frontera de la ciudad, y que impedía por ello un tránsito ágil y fluido por la misma.
Con el traspaso de porteadores Melilla ya he elegido una opción. La que le viene dada casi por imposición desde hace años, cuando comenzamos a atisbar con mayor seriedad que el llamado ‘comercio atípico’ empezaría a agotarse y que las relaciones con el Marruecos cercano debían enfocarse por una vía distinta al tradicional contrabando de mercancías.
El cambio, como dice el presidente Imbroda, nos ha sobrevenido casi de improviso, más aún si tenemos en cuenta que la ciudad viene preparándose desde hace tiempo para los nuevos tiempos, que esboza muchas ideas en ese sentido pero que tampoco termina de materializarlas en ninguna línea concreta.
Sabemos que el trasvase de porteadores se hace a petición de Marruecos; por supuesto es el primer interesado en ir menguando paulatinamente el contrabando consentido a través de las fronteras con Melilla. Asistimos por tanto a un tiempo nuevo y sólo queda por ver qué capacidad de reacción tenemos ante las nuevas circunstancias que vayan planteándose. Ayer mismo, el descenso en el tránsito de mercancías fue muy importante y aunque se achacó a la mayor dificultad derivada del primer día de vigencia de la nueva ruta, a nadie escapa que el paso del Barrio Chino se hace más insufrible y difícil para quienes vienen a Melilla a ganarse la vida.
Hay que tener en cuenta que las nuevas normas afectan no sólo a quienes se dedican a realizar compras destinadas al llamado ‘comercio atípico’, sino a todo aquel que intente pasar sin poder acreditar que viene en condición de turista o visitante, o que pueda hacer ostentación de un nivel económico medio o elevado. Aquellos marroquíes de la provincia de Nador que sólo aporten su pasaporte e intenten cruzar a pie la frontera para visitar a un familiar o cualquier otro motivo, prácticamente sólo podrán hacerlo a través de Barrio Chino. En general, podemos decir que el paso a Melilla para los nadorenses humildes se ha endurecido.
En resumen, hemos apostado por una frontera europea, necesaria, demandada por amplios sectores sociales e inicio de la nueva Melilla que pretendemos, lo que ocurre es que el proceso no está exento de incertidumbres y de preguntas sobre las alternativas que hemos previsto para los nuevos tiempos.
Cambio histórico en la frontera
Por Irene Flores
Un antes y un después se inició ayer en la vida económica de Melilla, especialmente en lo relativo a sus relaciones comerciales con Marruecos. El trasvase de los porteadores que a diario protagonizan el llamado ‘comercio atípico’ o comercio transfronterizo, desde la aduana principal de Beni-Enzar, al más angosto, estrecho y difícil del Barrio Chino, anuncia el principio del fin de una realidad comercial asentada desde hace décadas y, hoy en día, en retroceso, a causa del progresivo desarme arancelario marroquí, cuya finalización se prevé para el 2012.
Hablaba ayer el presidente Imbroda de la inmediatez repentina, casi de improviso, con que la Delegación del Gobierno ha procedido al trasvase de unos porteadores de un paso fronterizo a otro. La primera autoridad local disculpaba así que la Ciudad Autónoma aún se vea enfrascada en la instalación de los medios y recursos que aporta a la operación, con el fin de favorecer la buena marcha del cambio de ruta impuesto a los porteadores del mismo comercio con Marruecos.
No obstante, hay un aspecto sorpresivo en toda esta historia porque no estamos, como parecía pensarse en un principio, ante un trasvase transitorio entre tanto finalizan las obras de mejora de la frontera en la parte marroquí. A estas alturas, no hay duda de que se trata de un trasvase definitivo que anuncia nuevos tiempos y que consuma el final de toda una época determinante en el desarrollo y crecimiento económico de nuestra ciudad en las últimas décadas.
De un anuncio vago sobre el traslado de porteadores al Barrio Chino, se suponía que exclusivamente para favorecer las obras fronterizas por parte de Marruecos, hemos pasado a un trasvase histórico que nos incardina en una nueva etapa económica y que nos anuncia los cambios por venir a costa del mayor desarrollo en el Marruecos cercano.
Afortunadamente, en este asunto todas las partes con mayor implicación e interés parecen estar de acuerdo: Cámara de Comercio, Confederación de Empresarios, sindicatos y administraciones públicas, tanto central como autonómica, han certificado la conveniencia de trasladar un comercio que imprimía un carácter tercermundista a la principal aduana y frontera de la ciudad, y que impedía por ello un tránsito ágil y fluido por la misma.
Con el traspaso de porteadores Melilla ya he elegido una opción. La que le viene dada casi por imposición desde hace años, cuando comenzamos a atisbar con mayor seriedad que el llamado ‘comercio atípico’ empezaría a agotarse y que las relaciones con el Marruecos cercano debían enfocarse por una vía distinta al tradicional contrabando de mercancías.
El cambio, como dice el presidente Imbroda, nos ha sobrevenido casi de improviso, más aún si tenemos en cuenta que la ciudad viene preparándose desde hace tiempo para los nuevos tiempos, que esboza muchas ideas en ese sentido pero que tampoco termina de materializarlas en ninguna línea concreta.
Sabemos que el trasvase de porteadores se hace a petición de Marruecos; por supuesto es el primer interesado en ir menguando paulatinamente el contrabando consentido a través de las fronteras con Melilla. Asistimos por tanto a un tiempo nuevo y sólo queda por ver qué capacidad de reacción tenemos ante las nuevas circunstancias que vayan planteándose. Ayer mismo, el descenso en el tránsito de mercancías fue muy importante y aunque se achacó a la mayor dificultad derivada del primer día de vigencia de la nueva ruta, a nadie escapa que el paso del Barrio Chino se hace más insufrible y difícil para quienes vienen a Melilla a ganarse la vida.
Hay que tener en cuenta que las nuevas normas afectan no sólo a quienes se dedican a realizar compras destinadas al llamado ‘comercio atípico’, sino a todo aquel que intente pasar sin poder acreditar que viene en condición de turista o visitante, o que pueda hacer ostentación de un nivel económico medio o elevado. Aquellos marroquíes de la provincia de Nador que sólo aporten su pasaporte e intenten cruzar a pie la frontera para visitar a un familiar o cualquier otro motivo, prácticamente sólo podrán hacerlo a través de Barrio Chino. En general, podemos decir que el paso a Melilla para los nadorenses humildes se ha endurecido.
En resumen, hemos apostado por una frontera europea, necesaria, demandada por amplios sectores sociales e inicio de la nueva Melilla que pretendemos, lo que ocurre es que el proceso no está exento de incertidumbres y de preguntas sobre las alternativas que hemos previsto para los nuevos tiempos.
domingo, 15 de junio de 2008
CRONICA PRESENTACIÓN 'LOS PERDEDORES'
Expectación en torno al nuevo documental de Deiback, “Los Perdedores”, una historia “jamás contada”
La cinta se proyectó ayer por primera vez en Melilla en la UNED. Hoy, a las ocho de la tarde, se realizará una segunda proyección con entrada libre nuevamente
Irene Flores
El documental “Los Perdedores” del cineasta melillense Driss Deiback se presentó ayer en el salón de actos de la UNED, en medio de un clima de abierta expectación por el contenido de una película que lleva al celuloide la injusticia cometida con los bereberes que se sumaron a las tropas del bando nacional, bajo el mando de Francisco Franco y que, pasados los años, no han venido a recibir más que una mísera paga de cinco euros en el mejor de los casos.
Hoy la proyección volverá a repetirse, a partir de las ocho de la tarde, en el mismo lugar. Con “Los Perdedores”, Deiback ha querido aportar su granito de arena a las secuelas de una realidad ignorada actualmente por el Estado español y que sirve para plantear otras reflexiones en torno a la auténtica aportación que las llamadas tropas indígenas realizaron en pro de la victoria franquista durante la Guerra Civil.
En el documental, además de excombatientes ya ancianos, en algunos casos residentes con arraigo en Melilla, donde Deiback dice que grabó “las escenas más emotivas”, aparecen especialistas en la cuestión como Rosa María Madariaga, José María Ridau, Juan Goytisolo o José Solé i Sabaté, entre otros
“Los Perdedores”, según el cineasta melillense, narra la historia “jamás contada” de la participación de rifeños en la Guerra Civil. Un cuerpo de ‘voluntarios’ marroquíes reclutados por el bando franquista, que Deiback calcula entre “noventa y cien mil”, a consecuencia de la “movilización obligatoria que ordenó Franco para todos aquellos musulmanes con capacidad para portar armas que habitaban en el Norte de Marruecos”. De ahí que el subtítulo de la película sea “Para ellos escoger bando nunca fue una opción”.
Para el cineasta, que sigue encontrando en sus raíces melillenses buena parte de su inspiración, la “satisfacción profesional” es innegable, más aún si se tiene en cuenta que la cinta se proyectó en París en enero pasado, en la gala que organiza el Club de Prensa de la capital francesa, o que igualmente fue seleccionada para el Seminci, el Festival de Málaga y otros certámenes de importancia en el mundo de la producción cinematográfica.
Realizado en formato cine, el documental viene a sumarse además a las cuatro películas que, con Melilla como telón de fondo, Deiback ha rodado en los últimos años y que se iniciaron con la cinta de ficción “El Refugio”, de trama igualmente localizada en esta tierra y estrenada en el 97..
Detalles y testimonios
Con “Los Perdedores” , Deiback y su equipo recorrieron ocho mil kilómetros, cogieron doce vuelos y pernoctaron en catorce hoteles, pero fue en Melilla donde logró los testimonios más válidos de los propios afectados aún supervivientes. El largometraje ofrece, sin embargo, otras aportaciones de extremo valor, como unas imágenes en color de la Guerra Civil en España hasta ahora desconocidas.
En unas declaraciones al Dominical de ‘El Faro’ en diciembre pasado, el cineasta explicaba que en la cinta no reivindica nada para sí mismo “sino, únicamente, para ese grupo de bereberes españoles que sirvieron en algunos casos durante más de treinta años en el Ejército español, después de participar en la Guerra Civil, y con los que se ha cometido una tremenda injusticia”. De hecho, explica, se trata de “militares a los que se ha reconocido, en algunos casos, una pensión irrisoria en la Europa actual de cinco euros. Y esto –añade -, cuando Felipe González, en el 89, otorgó a los brigadistas internacionales noventa mil pesetas más la nacionalidad, a pesar de que en muchos casos prestaron servicio siquiera un año”.
Esta realidad, denunciada a veces en Melilla por los propios afectados, sigue sin provocar reacción alguna. Un extremo que decepciona a Deiback pero que no le mueve a sorprenderse cuando se comprueba que la discutida Ley sobre la Memoria Histórica tampoco ha recordado a este colectivo. Es más, los apoyos para sacar adelante el filme resultaron muy difíciles, después de que aquí mismo, en Melilla, “hispanobereberes de muy buena posición económica que entre sus familiares tienen a afectados por esta causa”, le negaran todo tipo de ayuda. “Ahora –asegura el cineasta- me alegro, porque no les debo nada”. Aún así, la espinita asoma desde el corazón, el mismo que le llevó a comprometerse con una realidad “jamás contada”.
Publicado en El Faro de Melilla el 12.6.8
La cinta se proyectó ayer por primera vez en Melilla en la UNED. Hoy, a las ocho de la tarde, se realizará una segunda proyección con entrada libre nuevamente
Irene Flores
El documental “Los Perdedores” del cineasta melillense Driss Deiback se presentó ayer en el salón de actos de la UNED, en medio de un clima de abierta expectación por el contenido de una película que lleva al celuloide la injusticia cometida con los bereberes que se sumaron a las tropas del bando nacional, bajo el mando de Francisco Franco y que, pasados los años, no han venido a recibir más que una mísera paga de cinco euros en el mejor de los casos.
Hoy la proyección volverá a repetirse, a partir de las ocho de la tarde, en el mismo lugar. Con “Los Perdedores”, Deiback ha querido aportar su granito de arena a las secuelas de una realidad ignorada actualmente por el Estado español y que sirve para plantear otras reflexiones en torno a la auténtica aportación que las llamadas tropas indígenas realizaron en pro de la victoria franquista durante la Guerra Civil.
En el documental, además de excombatientes ya ancianos, en algunos casos residentes con arraigo en Melilla, donde Deiback dice que grabó “las escenas más emotivas”, aparecen especialistas en la cuestión como Rosa María Madariaga, José María Ridau, Juan Goytisolo o José Solé i Sabaté, entre otros
“Los Perdedores”, según el cineasta melillense, narra la historia “jamás contada” de la participación de rifeños en la Guerra Civil. Un cuerpo de ‘voluntarios’ marroquíes reclutados por el bando franquista, que Deiback calcula entre “noventa y cien mil”, a consecuencia de la “movilización obligatoria que ordenó Franco para todos aquellos musulmanes con capacidad para portar armas que habitaban en el Norte de Marruecos”. De ahí que el subtítulo de la película sea “Para ellos escoger bando nunca fue una opción”.
Para el cineasta, que sigue encontrando en sus raíces melillenses buena parte de su inspiración, la “satisfacción profesional” es innegable, más aún si se tiene en cuenta que la cinta se proyectó en París en enero pasado, en la gala que organiza el Club de Prensa de la capital francesa, o que igualmente fue seleccionada para el Seminci, el Festival de Málaga y otros certámenes de importancia en el mundo de la producción cinematográfica.
Realizado en formato cine, el documental viene a sumarse además a las cuatro películas que, con Melilla como telón de fondo, Deiback ha rodado en los últimos años y que se iniciaron con la cinta de ficción “El Refugio”, de trama igualmente localizada en esta tierra y estrenada en el 97..
Detalles y testimonios
Con “Los Perdedores” , Deiback y su equipo recorrieron ocho mil kilómetros, cogieron doce vuelos y pernoctaron en catorce hoteles, pero fue en Melilla donde logró los testimonios más válidos de los propios afectados aún supervivientes. El largometraje ofrece, sin embargo, otras aportaciones de extremo valor, como unas imágenes en color de la Guerra Civil en España hasta ahora desconocidas.
En unas declaraciones al Dominical de ‘El Faro’ en diciembre pasado, el cineasta explicaba que en la cinta no reivindica nada para sí mismo “sino, únicamente, para ese grupo de bereberes españoles que sirvieron en algunos casos durante más de treinta años en el Ejército español, después de participar en la Guerra Civil, y con los que se ha cometido una tremenda injusticia”. De hecho, explica, se trata de “militares a los que se ha reconocido, en algunos casos, una pensión irrisoria en la Europa actual de cinco euros. Y esto –añade -, cuando Felipe González, en el 89, otorgó a los brigadistas internacionales noventa mil pesetas más la nacionalidad, a pesar de que en muchos casos prestaron servicio siquiera un año”.
Esta realidad, denunciada a veces en Melilla por los propios afectados, sigue sin provocar reacción alguna. Un extremo que decepciona a Deiback pero que no le mueve a sorprenderse cuando se comprueba que la discutida Ley sobre la Memoria Histórica tampoco ha recordado a este colectivo. Es más, los apoyos para sacar adelante el filme resultaron muy difíciles, después de que aquí mismo, en Melilla, “hispanobereberes de muy buena posición económica que entre sus familiares tienen a afectados por esta causa”, le negaran todo tipo de ayuda. “Ahora –asegura el cineasta- me alegro, porque no les debo nada”. Aún así, la espinita asoma desde el corazón, el mismo que le llevó a comprometerse con una realidad “jamás contada”.
Publicado en El Faro de Melilla el 12.6.8
LA DIANA DEL DOMINGO 15-6-8
El demorado convenio de viviendas
Por Irene Flores
Tras la reunión entre el consejero Rafael Marín y la ministra Corredor parece que no hemos avanzado nada en asuntos tan importantes como la puesta en marcha del tercer convenio de viviendas, por el que el Estado se comprometía a poner 48 millones de euros para la construcción de 600 VPO dirigidas a las clases menos favorecidas económicamente.
El problema de la vivienda sigue siendo acuciante en esta ciudad. Son muchas las casas en mal estado. La necesidad de ir renovando nuestro parque de viviendas en distintas zonas es palmaria. Afortunadamente, el Gobierno local tiene planes para hacerlo en zonas como el Polígono y Cabrerizas, donde en breve comenzarán las primeras promociones, todas ellas pequeñas y en todos los casos encaminadas a ir renovando los muchos inmuebles a punto incluso de derruirse.
La propia demanda de vivienda pública en la misma sociedad municipal, con más de dos mil peticionarios en lista de espera, avala una realidad que todos los melillenses conocemos. Sin embargo, la ministra Corredor no parece enterarse y ni siquiera está al tanto de las reuniones que se mantuvieron con el anterior delegado del Gobierno, tras la firma del tercer convenio de viviendas, para que las nuevas promociones por cuenta parcial del Estado (la Ciudad pone los terrenos y paga los proyectos arquitectónicos), comiencen de una vez a ejecutarse.
Ya lo dijo en este mismo periódico el presidente de EMVISMESA, Juan Antonio Iglesias: Será difícil que el Ministerio pueda llegar a poner una piedra de esas nuevas construcciones antes del 2011, teniendo en cuenta la propia marcha de los trámites que deberían cubrirse antes de llegar a ese punto. Si a esto añadimos la parsimonia inexplicable que se sigue en este asunto por parte del Ministerio y la falta de respuesta desde la Administración central ante una oferta de terrenos que se realizó a finales del pasado año, es posible que el plazo de Iglesias se demore todavía más y que no sea hasta la antesala de unas nuevas elecciones cuando empiecen a ponerse algunas de las primeras piedras de esas nuevas y esperadas promociones.
Desde el 2001, a costa del primer y segundo convenio de viviendas, para los que el Estado aportó 59,7 millones de euros, se construyeron 852 pisos VPO para familias que no superaban en 2,5 veces el salario mínimo interprofesional. Desde que el Gobierno Zapatero llegó al poder, las viviendas construidas con aportaciones el Estado han sido cero. En cambio, las zancadillas, obstáculos y handicaps que iban presentando los socialistas par retrasar, bloquear o imposibilitar ese tercer convenio de viviendas, sí han sido muchos. Baste con recordar las acusaciones iniciales reprochando al Gobierno Imbroda que se hubiera beneficiado, para otros fines políticos distintos a la construcción de viviendas sociales, de ese dinero aportado por el Estado. Estúpido argumento si se tiene en cuenta que esas casas se ceden a sus beneficiarios en un régimen de hipotecas a muy largo plazo, que financia EMVISMESA y que prácticamente no hace posible si quiera recuperar la inversión realizada.
La ministra Trujillo, en su inmemorable paso por el Ministerio, se encargó de impedir la firma del tercer convenio. Lo bloqueó durante años hasta que su sustituta, Carme Chacón, lo firmó a finales del pasado año. Después llegó la oferta de suelo por parte de la Ciudad Autónoma, en el Barranco de Cabrerizas y en la Finca Embarek. Nada se ha avanzado desde entonces, en lo que se interpreta como una clara prueba de desidia y falta de interés del Gobierno socialista por una de las necesidades más básicas de los melillenses. Frente a ello, el Gobierno local se jacta, y con razón, de sus proyectos, que para esta legislatura pasan por construir otras 600 viviendas con recursos propios.
Esperemos que los socialistas locales ayuden a la ministra Corredor a ponerse al día, porque de lo contrario quedará clara que la acusación del PP respecto de la falta de apoyo del Gobierno Zapatero a nuestra ciudad, no es una mera respuesta partidista sino una realidad constatada en hechos como el comentado.
Los 2.400 peticionarios para un total de 80 viviendas como las de García Valiño siguen engordando una bolsa de demandantes, en muchos casos muy necesitados de una vivienda, a los que, por ahora, no les queda más recurso que exigir y protestar ante el Partido Socialista.
Por Irene Flores
Tras la reunión entre el consejero Rafael Marín y la ministra Corredor parece que no hemos avanzado nada en asuntos tan importantes como la puesta en marcha del tercer convenio de viviendas, por el que el Estado se comprometía a poner 48 millones de euros para la construcción de 600 VPO dirigidas a las clases menos favorecidas económicamente.
El problema de la vivienda sigue siendo acuciante en esta ciudad. Son muchas las casas en mal estado. La necesidad de ir renovando nuestro parque de viviendas en distintas zonas es palmaria. Afortunadamente, el Gobierno local tiene planes para hacerlo en zonas como el Polígono y Cabrerizas, donde en breve comenzarán las primeras promociones, todas ellas pequeñas y en todos los casos encaminadas a ir renovando los muchos inmuebles a punto incluso de derruirse.
La propia demanda de vivienda pública en la misma sociedad municipal, con más de dos mil peticionarios en lista de espera, avala una realidad que todos los melillenses conocemos. Sin embargo, la ministra Corredor no parece enterarse y ni siquiera está al tanto de las reuniones que se mantuvieron con el anterior delegado del Gobierno, tras la firma del tercer convenio de viviendas, para que las nuevas promociones por cuenta parcial del Estado (la Ciudad pone los terrenos y paga los proyectos arquitectónicos), comiencen de una vez a ejecutarse.
Ya lo dijo en este mismo periódico el presidente de EMVISMESA, Juan Antonio Iglesias: Será difícil que el Ministerio pueda llegar a poner una piedra de esas nuevas construcciones antes del 2011, teniendo en cuenta la propia marcha de los trámites que deberían cubrirse antes de llegar a ese punto. Si a esto añadimos la parsimonia inexplicable que se sigue en este asunto por parte del Ministerio y la falta de respuesta desde la Administración central ante una oferta de terrenos que se realizó a finales del pasado año, es posible que el plazo de Iglesias se demore todavía más y que no sea hasta la antesala de unas nuevas elecciones cuando empiecen a ponerse algunas de las primeras piedras de esas nuevas y esperadas promociones.
Desde el 2001, a costa del primer y segundo convenio de viviendas, para los que el Estado aportó 59,7 millones de euros, se construyeron 852 pisos VPO para familias que no superaban en 2,5 veces el salario mínimo interprofesional. Desde que el Gobierno Zapatero llegó al poder, las viviendas construidas con aportaciones el Estado han sido cero. En cambio, las zancadillas, obstáculos y handicaps que iban presentando los socialistas par retrasar, bloquear o imposibilitar ese tercer convenio de viviendas, sí han sido muchos. Baste con recordar las acusaciones iniciales reprochando al Gobierno Imbroda que se hubiera beneficiado, para otros fines políticos distintos a la construcción de viviendas sociales, de ese dinero aportado por el Estado. Estúpido argumento si se tiene en cuenta que esas casas se ceden a sus beneficiarios en un régimen de hipotecas a muy largo plazo, que financia EMVISMESA y que prácticamente no hace posible si quiera recuperar la inversión realizada.
La ministra Trujillo, en su inmemorable paso por el Ministerio, se encargó de impedir la firma del tercer convenio. Lo bloqueó durante años hasta que su sustituta, Carme Chacón, lo firmó a finales del pasado año. Después llegó la oferta de suelo por parte de la Ciudad Autónoma, en el Barranco de Cabrerizas y en la Finca Embarek. Nada se ha avanzado desde entonces, en lo que se interpreta como una clara prueba de desidia y falta de interés del Gobierno socialista por una de las necesidades más básicas de los melillenses. Frente a ello, el Gobierno local se jacta, y con razón, de sus proyectos, que para esta legislatura pasan por construir otras 600 viviendas con recursos propios.
Esperemos que los socialistas locales ayuden a la ministra Corredor a ponerse al día, porque de lo contrario quedará clara que la acusación del PP respecto de la falta de apoyo del Gobierno Zapatero a nuestra ciudad, no es una mera respuesta partidista sino una realidad constatada en hechos como el comentado.
Los 2.400 peticionarios para un total de 80 viviendas como las de García Valiño siguen engordando una bolsa de demandantes, en muchos casos muy necesitados de una vivienda, a los que, por ahora, no les queda más recurso que exigir y protestar ante el Partido Socialista.
LA DIANA DEL SABADO 14.-6-8
LA DIANA
Reacciones en positivo
Por Irene Flores
El documental de Driss Deiback ha provocado un impacto inusitado en Melilla. Ayer, el Gobierno local anunciaba su apoyo a la moción que van a defender los senadores melillenses (léase el presidente Juan José Imbroda y María del Carmen Dueñas) para que se corrija por parte del Estado español el agravio comparativo y la injusticia histórica sufrida por los excombatientes rifeños de la Guerra Civil. Por su parte, CpM ha anunciado que buscará apoyos en el Congreso, se supone que entre sus aliados de IU y PSOE, para que se incluya al mismo colectivo en la ley de la Memoria Histórica. Los cepemistas van más lejos y proyectan reactualizar también la moción que presentaron hace un par de años en la Asamblea local para la retirada de la simbología franquista persistente en Melilla.
Es verdad que desde el Gobierno Imbroda se ha aclarado que la iniciativa de los senadores melillenses no es una respuesta automática tras la presentación en Melilla del documental de Deiback, “Los Perdedores”, en el que se trata el agravio cometido con el aludido colectivo de rifeños. Estos asuntos, según el portavoz gubernativo de la Ciudad, exigen de tiempo y así es como asegura viene abordando el Partido Popular la discriminación de los excombatientes rifeños que, en un importante porcentaje, también fueron miembros del Ejército español durante varias décadas, en algunos casos treinta años, sin que por ello tengan mayor reconocimiento ni pensiones a su favor.
En el caso de CpM no sé si será abiertamente pura reacción tras la proyección de la última película del cineasta melillense o simple casualidad. Me inclino por lo primero en ambos casos, también en el del PP, aunque este partido revista de formalidad y estudio previo lo que en su coincidencia temporal parece mucho más que una mera casualidad. Pero esto, al fin y al cabo, es lo de menos. Mientras que no se repare de alguna forma la situación de esos excombatientes y militares durante décadas en el Ejército español, habrá qué preguntarse por qué se les da ese trato, si la razón no es otra que su condición de rifeños, de musulmanes, de ‘moros’ en el sentido lamentable y peyorativo del término.
El Gobierno de Zapatero, el mismo que proclama la alianza de civilizaciones y que cometió un craso error cuando excluyó de su Ley de Memoria Histórica al colectivo de ‘soldados’ rifeños que combatieron junto a Franco, tiene ahora una ocasión única para reparar lo que todavía ningún Gobierno nacional ha sido capaz de ver ni afrontar.
Es de desear que los compromisos, intenciones, iniciativas parlamentarias y mociones varias anunciadas en el día de ayer se encaminen finalmente a buen puerto y no sirvan para crear una nueva gresca entre populares y opositores en la Asamblea de Melilla. De la carrera a quien toma antes la iniciativa de ponerse la medalla frente a la injusticia admitida, al menos en lo que respecta a nuestra clase política local, debemos pasar a aunar esfuerzos si somos consecuentes con el empeño y la bondad que se supone lo inspira.
Para la ciudad sería bueno, más que positiva, la capacidad de reaccionar en conjunto en defensa de los derechos de un colectivo con mucho arraigo en Melilla, donde muchos de los musulmanes, abuelos o padres de las actuales generaciones de melillenses de origen amazigh, formaron parte de aquellas tropas manipuladas por Francisco Franco.
Deseo de verdad que por una vez seamos capaces de hacer las cosas bien y que dejemos de tirarnos los trastos a la cabeza como única manera de entender la política en esta tierra. Sé que suena a buenismo simplista, que habrá quien me diga que es una señal más de lo que muchos catalogan despectivamente de feminización de la política, de lo que otros se atreven incluso a comparar y poner al mismo nivel que la estupidización de la política, tal cual escribía hace unos días, en su columna habitual de ‘El Mundo’, Raúl del Pozo.
Frente a ello pienso que no hay relación alguna entre estupidización y feminización, y aunque no comulgo y me parece absurdo y necio el debate abierto por la nueva ministra de Igualdad sobre la adulteración del castellano, para imponer el género femenino a nombres y adjetivos que se construyen sólo en masculino; sí defiendo un sentido más positivo, menos violento, menos sectario y partidista a la hora de hacer política. Las mujeres, por condiciones naturales, hemos trabajado siempre más en equipo, en el seno familiar, en el cuidado de terceros, en labores a favor de otros más que de nosotras mismas. Los hombres, con su mayor fuerza física, han cazado para sí y para otros también, pero se han curtido en otros valores más propios de la competitividad y el poder de la fuerza. Me remonto a tiempos primitivos que aún
Reacciones en positivo
Por Irene Flores
El documental de Driss Deiback ha provocado un impacto inusitado en Melilla. Ayer, el Gobierno local anunciaba su apoyo a la moción que van a defender los senadores melillenses (léase el presidente Juan José Imbroda y María del Carmen Dueñas) para que se corrija por parte del Estado español el agravio comparativo y la injusticia histórica sufrida por los excombatientes rifeños de la Guerra Civil. Por su parte, CpM ha anunciado que buscará apoyos en el Congreso, se supone que entre sus aliados de IU y PSOE, para que se incluya al mismo colectivo en la ley de la Memoria Histórica. Los cepemistas van más lejos y proyectan reactualizar también la moción que presentaron hace un par de años en la Asamblea local para la retirada de la simbología franquista persistente en Melilla.
Es verdad que desde el Gobierno Imbroda se ha aclarado que la iniciativa de los senadores melillenses no es una respuesta automática tras la presentación en Melilla del documental de Deiback, “Los Perdedores”, en el que se trata el agravio cometido con el aludido colectivo de rifeños. Estos asuntos, según el portavoz gubernativo de la Ciudad, exigen de tiempo y así es como asegura viene abordando el Partido Popular la discriminación de los excombatientes rifeños que, en un importante porcentaje, también fueron miembros del Ejército español durante varias décadas, en algunos casos treinta años, sin que por ello tengan mayor reconocimiento ni pensiones a su favor.
En el caso de CpM no sé si será abiertamente pura reacción tras la proyección de la última película del cineasta melillense o simple casualidad. Me inclino por lo primero en ambos casos, también en el del PP, aunque este partido revista de formalidad y estudio previo lo que en su coincidencia temporal parece mucho más que una mera casualidad. Pero esto, al fin y al cabo, es lo de menos. Mientras que no se repare de alguna forma la situación de esos excombatientes y militares durante décadas en el Ejército español, habrá qué preguntarse por qué se les da ese trato, si la razón no es otra que su condición de rifeños, de musulmanes, de ‘moros’ en el sentido lamentable y peyorativo del término.
El Gobierno de Zapatero, el mismo que proclama la alianza de civilizaciones y que cometió un craso error cuando excluyó de su Ley de Memoria Histórica al colectivo de ‘soldados’ rifeños que combatieron junto a Franco, tiene ahora una ocasión única para reparar lo que todavía ningún Gobierno nacional ha sido capaz de ver ni afrontar.
Es de desear que los compromisos, intenciones, iniciativas parlamentarias y mociones varias anunciadas en el día de ayer se encaminen finalmente a buen puerto y no sirvan para crear una nueva gresca entre populares y opositores en la Asamblea de Melilla. De la carrera a quien toma antes la iniciativa de ponerse la medalla frente a la injusticia admitida, al menos en lo que respecta a nuestra clase política local, debemos pasar a aunar esfuerzos si somos consecuentes con el empeño y la bondad que se supone lo inspira.
Para la ciudad sería bueno, más que positiva, la capacidad de reaccionar en conjunto en defensa de los derechos de un colectivo con mucho arraigo en Melilla, donde muchos de los musulmanes, abuelos o padres de las actuales generaciones de melillenses de origen amazigh, formaron parte de aquellas tropas manipuladas por Francisco Franco.
Deseo de verdad que por una vez seamos capaces de hacer las cosas bien y que dejemos de tirarnos los trastos a la cabeza como única manera de entender la política en esta tierra. Sé que suena a buenismo simplista, que habrá quien me diga que es una señal más de lo que muchos catalogan despectivamente de feminización de la política, de lo que otros se atreven incluso a comparar y poner al mismo nivel que la estupidización de la política, tal cual escribía hace unos días, en su columna habitual de ‘El Mundo’, Raúl del Pozo.
Frente a ello pienso que no hay relación alguna entre estupidización y feminización, y aunque no comulgo y me parece absurdo y necio el debate abierto por la nueva ministra de Igualdad sobre la adulteración del castellano, para imponer el género femenino a nombres y adjetivos que se construyen sólo en masculino; sí defiendo un sentido más positivo, menos violento, menos sectario y partidista a la hora de hacer política. Las mujeres, por condiciones naturales, hemos trabajado siempre más en equipo, en el seno familiar, en el cuidado de terceros, en labores a favor de otros más que de nosotras mismas. Los hombres, con su mayor fuerza física, han cazado para sí y para otros también, pero se han curtido en otros valores más propios de la competitividad y el poder de la fuerza. Me remonto a tiempos primitivos que aún
LA DIANA DEL VIERNES 13.-6-8
“Los Perdedores” de Driss Deiback
Por Irene Flores
Driss Deiback ha vuelto a triunfar en su tierra natal. Aquí el cineasta recibe el espaldazaro más emotivo porque los reconocimientos, dicho sea de paso, han sido muchos y muy valiosos en el periplo previo de presentación nacional e internacional de la película “Los Perdedores”: el nuevo largometraje de Deiback, de corte documental, en el que se rescatan imágenes inéditas de gran valor histórico y se profundiza en distintos aspectos de las relaciones entre los españoles y los bereberes norteafricanos.
El documental nos lleva, de un plumazo, a lo más hondo de la antigua morofobia incardinada en la cultura española desde los tiempos posteriores a la Reconquista y las expulsiones de los Reyes Católicos.
Introduce en el acervo del prototipo español la añadidura que supuso el falso proteccionismo hostil del africanismo durante la primera mitad del siglo XX, y entra de lleno en la época para ir al nudo del documental, cuyo sentido y motivo no es otro que el de exponer el agravio comparativo que sufrieron los rifeños reclutados por Franco para luchar junto al llamado bando nacional en la Guerra Civil.
La cinta no elude la trágica marca que el paso de esas fuerzas de choque, catalogadas de indígenas y ataviadas incluso con sus trajes rurales y tradicionales, representaron para el imaginario española, para la memoria de la izquierda, para el bando republicano que sufrió la derrota tras el golpe de Estado. No elude tampoco la importancia, determinante según algunos historiadores, que tuvieron aquellas tropas para la victoria franquista.
Es un documental valiente que no extraña haya recibido tantos premios y menciones o que haya captado la atención en Francia y Alemania. Y es que Deiback no sólo ha llevado al cine una historia “jamás contada”, como gusta decir al director. Además, ha demostrado otra vez que es capaz de dotar sus relatos de veracidad y vivacidad a través de personajes auténticos que logran conectar con el espectador, hacerlo reír, llorar o identificarse.
El cineasta entra al trapo del debate sobre consideraciones en las que se enfrentan abiertamente las diferentes visiones ideológicas de los historiadores. De un lado, en un ejercicio de reparación de la memoria colectiva de los rifeños que lucharon junto a Franco, abunda en echar por tierra la idea de que actuaron como simples mercenarios. Más allá del propio testimonio de los supervivientes, de la extrema juventud de los reclutados y de las condiciones de vida en el Rif, la feroz propaganda con que se les captó da prueba sobrada de una manipulación que no necesita relatos a través de terceros. El soporte documental de la época, con intervenciones directas del propio Franco y proyecciones de los ‘Nodos’ del momento, pone sobradamente de manifiesto cómo y a qué precio se reclutó a esos rifeños para unas fuerzas de choque donde los muertos se agolpaban a millares.
El documental ni pretende ni sirve para revivir las atrocidades de la Guerra Civil a manos de unos y otros; sabe mostrar el lado humano de unos ‘peones’ que nunca llegaron a ser soldados sino arietes manejados por el africanismo español más rancio y golpista.
En toda la trama predomina sobre todo el drama humano de unos hombres marcados por un destino frente al que tampoco tuvieron mayor opción. La humanidad del testimonio de los melillenses aún supervivientes, su apuesta por la paz y contra las guerras como mensaje final de una película que, sobre todo, denuncia la injusta discriminación histórica a la que estos rifeños siguen sometidos, carga la película de un mensaje general de optimismo y conciliación, que aboga por el entendimiento mutuo, por superar distancias y reencontrarnos con nuestras raíces históricas, con lo mucho que tenemos en común. Justamente el empeño por la interculturalidad que tanto decimos pretender pero con el que a veces comulgamos tan poco cuando a más de uno se le hincha la vena del falso patriota, “español y melillense de siempre”.
Mi enhorabuena a Driss Deiback, que una vez más ha sabido demostrar su maestría como director cinematográfico y que ha hecho posible un documental emocionante que nos atañe directamente y con el que muchos melillenses se sentirán además especialmente identificados.
El refrán dice que nadie es profeta en su tierra y en el caso de Deiback, aunque sus éxitos podrían avalar lo contrario, sigue pasando todavía un poco de esto. Cada vez recibe más el reconocimiento que merece, pero aún así seguimos desaprovechando lo mucho que puede aportar a nuestra ciudad. Al fin y al cabo es nuestro único cineasta, no tiene siquiera competencia. Espero que la Ciudad Autónoma sepa brindarle el apoyo que merece.
Por Irene Flores
Driss Deiback ha vuelto a triunfar en su tierra natal. Aquí el cineasta recibe el espaldazaro más emotivo porque los reconocimientos, dicho sea de paso, han sido muchos y muy valiosos en el periplo previo de presentación nacional e internacional de la película “Los Perdedores”: el nuevo largometraje de Deiback, de corte documental, en el que se rescatan imágenes inéditas de gran valor histórico y se profundiza en distintos aspectos de las relaciones entre los españoles y los bereberes norteafricanos.
El documental nos lleva, de un plumazo, a lo más hondo de la antigua morofobia incardinada en la cultura española desde los tiempos posteriores a la Reconquista y las expulsiones de los Reyes Católicos.
Introduce en el acervo del prototipo español la añadidura que supuso el falso proteccionismo hostil del africanismo durante la primera mitad del siglo XX, y entra de lleno en la época para ir al nudo del documental, cuyo sentido y motivo no es otro que el de exponer el agravio comparativo que sufrieron los rifeños reclutados por Franco para luchar junto al llamado bando nacional en la Guerra Civil.
La cinta no elude la trágica marca que el paso de esas fuerzas de choque, catalogadas de indígenas y ataviadas incluso con sus trajes rurales y tradicionales, representaron para el imaginario española, para la memoria de la izquierda, para el bando republicano que sufrió la derrota tras el golpe de Estado. No elude tampoco la importancia, determinante según algunos historiadores, que tuvieron aquellas tropas para la victoria franquista.
Es un documental valiente que no extraña haya recibido tantos premios y menciones o que haya captado la atención en Francia y Alemania. Y es que Deiback no sólo ha llevado al cine una historia “jamás contada”, como gusta decir al director. Además, ha demostrado otra vez que es capaz de dotar sus relatos de veracidad y vivacidad a través de personajes auténticos que logran conectar con el espectador, hacerlo reír, llorar o identificarse.
El cineasta entra al trapo del debate sobre consideraciones en las que se enfrentan abiertamente las diferentes visiones ideológicas de los historiadores. De un lado, en un ejercicio de reparación de la memoria colectiva de los rifeños que lucharon junto a Franco, abunda en echar por tierra la idea de que actuaron como simples mercenarios. Más allá del propio testimonio de los supervivientes, de la extrema juventud de los reclutados y de las condiciones de vida en el Rif, la feroz propaganda con que se les captó da prueba sobrada de una manipulación que no necesita relatos a través de terceros. El soporte documental de la época, con intervenciones directas del propio Franco y proyecciones de los ‘Nodos’ del momento, pone sobradamente de manifiesto cómo y a qué precio se reclutó a esos rifeños para unas fuerzas de choque donde los muertos se agolpaban a millares.
El documental ni pretende ni sirve para revivir las atrocidades de la Guerra Civil a manos de unos y otros; sabe mostrar el lado humano de unos ‘peones’ que nunca llegaron a ser soldados sino arietes manejados por el africanismo español más rancio y golpista.
En toda la trama predomina sobre todo el drama humano de unos hombres marcados por un destino frente al que tampoco tuvieron mayor opción. La humanidad del testimonio de los melillenses aún supervivientes, su apuesta por la paz y contra las guerras como mensaje final de una película que, sobre todo, denuncia la injusta discriminación histórica a la que estos rifeños siguen sometidos, carga la película de un mensaje general de optimismo y conciliación, que aboga por el entendimiento mutuo, por superar distancias y reencontrarnos con nuestras raíces históricas, con lo mucho que tenemos en común. Justamente el empeño por la interculturalidad que tanto decimos pretender pero con el que a veces comulgamos tan poco cuando a más de uno se le hincha la vena del falso patriota, “español y melillense de siempre”.
Mi enhorabuena a Driss Deiback, que una vez más ha sabido demostrar su maestría como director cinematográfico y que ha hecho posible un documental emocionante que nos atañe directamente y con el que muchos melillenses se sentirán además especialmente identificados.
El refrán dice que nadie es profeta en su tierra y en el caso de Deiback, aunque sus éxitos podrían avalar lo contrario, sigue pasando todavía un poco de esto. Cada vez recibe más el reconocimiento que merece, pero aún así seguimos desaprovechando lo mucho que puede aportar a nuestra ciudad. Al fin y al cabo es nuestro único cineasta, no tiene siquiera competencia. Espero que la Ciudad Autónoma sepa brindarle el apoyo que merece.
LA DIANA DEL JUEVES 12.-6-8
Autonomía: La negociación imposible
Irene Flores
En contra de lo anunciado por Aberchán, la Comisión de Presidencia que se celebrará hoy no abordará las negociaciones políticas sobre nuestro futuro autonómico. El asunto, en impasse por el desencuentro entre los distintos partidos y, sobre todo, los dos procesos electorales en torno a las autonómicas de 2007 y las generales de marzo pasado, sigue pendiente de retomarse. No obstante, cuando llegue la ocasión, que se anuncia próxima, me temo que la reunión no vaya a dejar de ser una mera puesta en escena. Las circunstancias que vienen precediéndola no pueden ser peores y no ya por el órdago que Imbroda lanzó a CpM, proponiéndole asumir su Estatuto para desbloquear con ello el asunto y, de paso, la falta de efectividad real de una mayoría política que públicamente dice apostar en nuestra Asamblea por convertirnos en una Autonomía plena.
Aunque el órdago del presidente Imbroda tenía el valor añadido de subrayar las contradicciones entre la nueva alianza suscrita por PSOE y CpM, las razones por las que puede esperarse poco de la comisión en ciernes parten de los propios supuestos con que la oposición acude a la convocatoria:
Por un lado, CpM hará valer su Estatuto, un borrador ambicioso de objetivos máximos que no convencen al Partido Socialista y que pretenden un techo de autogestión y autogobierno mucho mayor del que nunca ha reivindicado el PP. Pero, por otro, es de suponer que CpM también será consecuente con su nuevo discurso, según el cual a Melilla no le conviene obtener más cotas de autogobierno mientras esté gobernada por el Partido Popular y, más en concreto, por el ejecutivo que preside Juan José Imbroda.
Los cepemistas alegan que el Gobierno local ningunea y excluye a la oposición para negarse incluso a que avancemos en cotas de cogestión compartida con el Estado, en materias como el empleo o el IMSERSO. De hecho, han impugnado uno de los convenios relativos a políticas sociales y ya han anunciado que piensan hacer lo mismo con el de políticas activas de empleo.
El ideario de CpM, llegados a este punto, se basa en lo siguiente: Art. 1º.- Melilla tiene derecho a constituirse en una comunidad autónoma plena conforme se recoge en la disposición adicional quinta de la Constitución española; Art. 2º.- Con independencia de lo anterior, la Ciudad no podrá constituirse en comunidad autónoma mientras esté gobernada por el PP o, al menos, por el presidente Imbroda y su ejecutivo.
La tesis de Coalición es una auténtica sinrazón como ayer se señalaba en el editorial de este periódico. Jurídicamente es inaceptable pero políticamente lo es tanto o más. Representa ligar la discusión sobre nuestro futuro político al interés sectario de un partido o alianza concreta entre partidos, como es el caso. Supone subvertir el juego democrático y plantea un absurdo dentro del propio sistema de la Democracia.
Choca comprobar el aplomo con que el presidente de CpM, Mustafa Aberchán, defiende ante micrófonos y cámaras de televisión tan dislocado parecer. Según su propuesta, si tenemos comunidad autónoma, debemos hacer dejación de ella una vez nos gobierne quien no nos conviene. Absurdo pero inevitable al hilo del razonamiento de Coalición por Melilla.
No obstante, es preciso señalar que el disparate no es tan original, porque ya tuvo sus antecedentes en un discurso anterior del secretario general del PSME-PSOE, Dionisio Muñoz, quien venía a alegar idénticos motivos para explicar por qué a Melilla no le conviene recuperar las competencias en materia de Urbanismo. Es decir, que en función de quien nos gobierne, el sentido de la Democracia, según CpM o PSOE, nos aconsejará tener un tipo de sistema político u otro. Esto podrá parecer increíble pero puedo asegurarles que las hemerotecas no mienten y que dejan pública constancia de cuáles son las tesis inequívocas al respecto de cepemistas y socialistas.
Por la misma regla de tres, podríamos desprendernos incluso de las competencias propias de un Ayuntamiento y dejarlo reducido a la atención de los servicios de bomberos o de parques y jardines. Total, si quien gobierna no nos gusta, quitémosle todo el poder que podamos. Esto es lo que está pasando con las impugnaciones presentadas por los cepemistas contra los nuevos convenios de cogestión. En ellas no se alegan cuestiones formales ni defectos o procedimientos que puedan considerarse lesivos o poco ventajosos para la Ciudad Autónoma, como podría ser concebible que un partido político local pudiera reclamar frente al Estado. No, lo que se alega es que el Gobierno Imbroda no da participación a la oposición y por tanto no conviene que tenga más poder en detrimento de CpM y PSOE. La situación raya lo imposible si se comprueba que para impugnar los aludidos convenios, los cepemistas recurren a IU y sólo optan por vetar el de Melilla, no así el de Ceuta que es idéntico al nuestro.
Estos son los mimbres, absurdos y sectarios con que se llegará a una comisión que preanuncia una puesta en escena más polémica y estéril que otra cosa, a pesar de lo mucho que nos jugamos en este tipo de cuestiones.
Irene Flores
En contra de lo anunciado por Aberchán, la Comisión de Presidencia que se celebrará hoy no abordará las negociaciones políticas sobre nuestro futuro autonómico. El asunto, en impasse por el desencuentro entre los distintos partidos y, sobre todo, los dos procesos electorales en torno a las autonómicas de 2007 y las generales de marzo pasado, sigue pendiente de retomarse. No obstante, cuando llegue la ocasión, que se anuncia próxima, me temo que la reunión no vaya a dejar de ser una mera puesta en escena. Las circunstancias que vienen precediéndola no pueden ser peores y no ya por el órdago que Imbroda lanzó a CpM, proponiéndole asumir su Estatuto para desbloquear con ello el asunto y, de paso, la falta de efectividad real de una mayoría política que públicamente dice apostar en nuestra Asamblea por convertirnos en una Autonomía plena.
Aunque el órdago del presidente Imbroda tenía el valor añadido de subrayar las contradicciones entre la nueva alianza suscrita por PSOE y CpM, las razones por las que puede esperarse poco de la comisión en ciernes parten de los propios supuestos con que la oposición acude a la convocatoria:
Por un lado, CpM hará valer su Estatuto, un borrador ambicioso de objetivos máximos que no convencen al Partido Socialista y que pretenden un techo de autogestión y autogobierno mucho mayor del que nunca ha reivindicado el PP. Pero, por otro, es de suponer que CpM también será consecuente con su nuevo discurso, según el cual a Melilla no le conviene obtener más cotas de autogobierno mientras esté gobernada por el Partido Popular y, más en concreto, por el ejecutivo que preside Juan José Imbroda.
Los cepemistas alegan que el Gobierno local ningunea y excluye a la oposición para negarse incluso a que avancemos en cotas de cogestión compartida con el Estado, en materias como el empleo o el IMSERSO. De hecho, han impugnado uno de los convenios relativos a políticas sociales y ya han anunciado que piensan hacer lo mismo con el de políticas activas de empleo.
El ideario de CpM, llegados a este punto, se basa en lo siguiente: Art. 1º.- Melilla tiene derecho a constituirse en una comunidad autónoma plena conforme se recoge en la disposición adicional quinta de la Constitución española; Art. 2º.- Con independencia de lo anterior, la Ciudad no podrá constituirse en comunidad autónoma mientras esté gobernada por el PP o, al menos, por el presidente Imbroda y su ejecutivo.
La tesis de Coalición es una auténtica sinrazón como ayer se señalaba en el editorial de este periódico. Jurídicamente es inaceptable pero políticamente lo es tanto o más. Representa ligar la discusión sobre nuestro futuro político al interés sectario de un partido o alianza concreta entre partidos, como es el caso. Supone subvertir el juego democrático y plantea un absurdo dentro del propio sistema de la Democracia.
Choca comprobar el aplomo con que el presidente de CpM, Mustafa Aberchán, defiende ante micrófonos y cámaras de televisión tan dislocado parecer. Según su propuesta, si tenemos comunidad autónoma, debemos hacer dejación de ella una vez nos gobierne quien no nos conviene. Absurdo pero inevitable al hilo del razonamiento de Coalición por Melilla.
No obstante, es preciso señalar que el disparate no es tan original, porque ya tuvo sus antecedentes en un discurso anterior del secretario general del PSME-PSOE, Dionisio Muñoz, quien venía a alegar idénticos motivos para explicar por qué a Melilla no le conviene recuperar las competencias en materia de Urbanismo. Es decir, que en función de quien nos gobierne, el sentido de la Democracia, según CpM o PSOE, nos aconsejará tener un tipo de sistema político u otro. Esto podrá parecer increíble pero puedo asegurarles que las hemerotecas no mienten y que dejan pública constancia de cuáles son las tesis inequívocas al respecto de cepemistas y socialistas.
Por la misma regla de tres, podríamos desprendernos incluso de las competencias propias de un Ayuntamiento y dejarlo reducido a la atención de los servicios de bomberos o de parques y jardines. Total, si quien gobierna no nos gusta, quitémosle todo el poder que podamos. Esto es lo que está pasando con las impugnaciones presentadas por los cepemistas contra los nuevos convenios de cogestión. En ellas no se alegan cuestiones formales ni defectos o procedimientos que puedan considerarse lesivos o poco ventajosos para la Ciudad Autónoma, como podría ser concebible que un partido político local pudiera reclamar frente al Estado. No, lo que se alega es que el Gobierno Imbroda no da participación a la oposición y por tanto no conviene que tenga más poder en detrimento de CpM y PSOE. La situación raya lo imposible si se comprueba que para impugnar los aludidos convenios, los cepemistas recurren a IU y sólo optan por vetar el de Melilla, no así el de Ceuta que es idéntico al nuestro.
Estos son los mimbres, absurdos y sectarios con que se llegará a una comisión que preanuncia una puesta en escena más polémica y estéril que otra cosa, a pesar de lo mucho que nos jugamos en este tipo de cuestiones.
miércoles, 11 de junio de 2008
LA DIANA DEL MIERCOLES 11.-6-8
LA DIANA
Entre la huelga y la incertidumbre
Por Irene Flores
El ronroneo del fútbol resuena con eco propio en las calles de Melilla. Después de tres goles, ya es posible cruzarse incluso con alguna joven que canturrea el nombre de España. Se reedita una fiesta que, por su propia esencia nacionalista, también resucita enfrentamientos fraticidas. La cara y la cruz de un deporte ideado para movilizar a las masas y que, ahora, con el espectáculo televisivo a tutiplé redobla aún más su capacidad de penetración social y estímulo de todo tipo de pasiones.
En ese clima no es posible escribir. Lo mejor es irse a la calle, mientras el día avanza y empiezo a rumiar más lentamente las noticias de la jornada. Entre tanta insistencia sobre la falta de incidencia en Melilla de la huelga de transportistas, no deja de llamar la atención que el Millenium III tuviese que retrasar hasta cuatro horas su salida desde el puerto de Málaga, por problemas a la hora de surtirse de combustible. La prensa nacional tampoco llega pero, claro, para esto tampoco hace falta que haya huelga, aunque también es verdad que ya no pasa con tanta frecuencia como antes.
En todo caso, no vamos a tener problemas de abastecimiento. Nos lo asegura el delegado del Gobierno, quien habla de unos “dispositivos” perfectamente preparados y dispuestos a activarse si se corriera riesgo de carencia de productos básicos en Melilla. El carburante, tan necesario no sólo para que los automóviles funcionen, sino para que ENDESA haga posible la luz en su fábrica, también está garantizado como las medicinas, según Escobar, quien ayer realizó un auténtico repaso a los temas más relevantes de la actualidad en la entrevista que le hizo Montserrat Cobos, directora de la emisora local de Radio Nacional.
De la conversación del delegado, lo que más me llamó la atención y también me resultó más novedoso fue su perspectiva de lo que supone el trasvase del comercio fronterizo a la frontera de Barrio Chino. Lo calificó de “oportunidad histórica” para Melilla, en lo que resonó como el claro anuncio de un final que quizás no nos imaginábamos nunca tan cercano o inmediato. No quiero decir que el comercio fronterizo, el llamado ‘comercio atípico’ que tan acertadamente sobrenombrara quien también fuera delegado del Gobierno, Manuel Céspedes, vaya a desaparecer por el mismo trasvase. Es evidente que sí se traslada es porque va a proseguir, pero también que el cambio, unido a las nuevas circunstancias económicas previstas desde hace tiempo, inicia una nueva etapa en lo que ha sido, para bien o para mal, un símbolo emblemático de parte de la realidad melillense, de una época y un tiempo que cada vez resultan más postreros y a punto de terminar.
Creo, como dice el delegado, que una nueva frontera en Beni-Enzar que haga posible un paso ágil tanto para los lugareños de un lado y otro de la frontera, como para los posibles visitantes a un lado u otro de la misma frontera, es sin duda una necesidad imperiosa, un paso adelante para una ciudad que aspira al progreso y a identificar ese progreso con su sello de territorio europeo. Pero también creo que el comercio fronterizo se nos muere sin que hayamos logrado dejar claro qué nos interesa ante esta época de cambios, qué debemos hacer respecto de nuestra situación aduanera y qué capacidad real tenemos para poner en marcha algunas de las alternativas que ya hemos empezado a esbozar con tanto acierto.
Escobar es sin duda optimista ante el futuro. Yo quiero serlo también aunque no dejo de escuchar en los comercios el rumrum de la preocupación por los efectos del Plan de Transición del Ejército y de esas cartas al centenar largo de mandos que en poco tiempo pasarán a situación de disponibilidad tras haber perdido sus destinos o plazas en Melilla. Le aseguro que se conjeturan las peores hipótesis en torno a las verdaderas razones de esa polémica medida, que tanta inquietud colectiva genera y que también hace tambalear en muchos el sentimiento de seguridad en el futuro de Melilla.
No crean que estoy derrotista, lo que pasa es que me conmuevo ante la muerte de los dos huelguistas que ayer perdieron su vida en Granada y Portugal, al intentar captar a otros camioneros y transportistas para el seguimiento de la huelga. Los efectos de la protesta están empezando a notarse en el resto del país y empiezan a mermar las reservas en los mercados de mayoristas. La situación aún no es tan grave como la crisis que ha llevado a los camioneros a tomar medidas tan drásticas. En Melilla, donde el tiempo corre de otro modo, la incidencia es por ahora pequeña y, según nuestras autoridades, puramente excepcional aunque a más de uno le haya costado cuatro horas de espera forzosa poder coger el barco.
Entre la huelga y la incertidumbre
Por Irene Flores
El ronroneo del fútbol resuena con eco propio en las calles de Melilla. Después de tres goles, ya es posible cruzarse incluso con alguna joven que canturrea el nombre de España. Se reedita una fiesta que, por su propia esencia nacionalista, también resucita enfrentamientos fraticidas. La cara y la cruz de un deporte ideado para movilizar a las masas y que, ahora, con el espectáculo televisivo a tutiplé redobla aún más su capacidad de penetración social y estímulo de todo tipo de pasiones.
En ese clima no es posible escribir. Lo mejor es irse a la calle, mientras el día avanza y empiezo a rumiar más lentamente las noticias de la jornada. Entre tanta insistencia sobre la falta de incidencia en Melilla de la huelga de transportistas, no deja de llamar la atención que el Millenium III tuviese que retrasar hasta cuatro horas su salida desde el puerto de Málaga, por problemas a la hora de surtirse de combustible. La prensa nacional tampoco llega pero, claro, para esto tampoco hace falta que haya huelga, aunque también es verdad que ya no pasa con tanta frecuencia como antes.
En todo caso, no vamos a tener problemas de abastecimiento. Nos lo asegura el delegado del Gobierno, quien habla de unos “dispositivos” perfectamente preparados y dispuestos a activarse si se corriera riesgo de carencia de productos básicos en Melilla. El carburante, tan necesario no sólo para que los automóviles funcionen, sino para que ENDESA haga posible la luz en su fábrica, también está garantizado como las medicinas, según Escobar, quien ayer realizó un auténtico repaso a los temas más relevantes de la actualidad en la entrevista que le hizo Montserrat Cobos, directora de la emisora local de Radio Nacional.
De la conversación del delegado, lo que más me llamó la atención y también me resultó más novedoso fue su perspectiva de lo que supone el trasvase del comercio fronterizo a la frontera de Barrio Chino. Lo calificó de “oportunidad histórica” para Melilla, en lo que resonó como el claro anuncio de un final que quizás no nos imaginábamos nunca tan cercano o inmediato. No quiero decir que el comercio fronterizo, el llamado ‘comercio atípico’ que tan acertadamente sobrenombrara quien también fuera delegado del Gobierno, Manuel Céspedes, vaya a desaparecer por el mismo trasvase. Es evidente que sí se traslada es porque va a proseguir, pero también que el cambio, unido a las nuevas circunstancias económicas previstas desde hace tiempo, inicia una nueva etapa en lo que ha sido, para bien o para mal, un símbolo emblemático de parte de la realidad melillense, de una época y un tiempo que cada vez resultan más postreros y a punto de terminar.
Creo, como dice el delegado, que una nueva frontera en Beni-Enzar que haga posible un paso ágil tanto para los lugareños de un lado y otro de la frontera, como para los posibles visitantes a un lado u otro de la misma frontera, es sin duda una necesidad imperiosa, un paso adelante para una ciudad que aspira al progreso y a identificar ese progreso con su sello de territorio europeo. Pero también creo que el comercio fronterizo se nos muere sin que hayamos logrado dejar claro qué nos interesa ante esta época de cambios, qué debemos hacer respecto de nuestra situación aduanera y qué capacidad real tenemos para poner en marcha algunas de las alternativas que ya hemos empezado a esbozar con tanto acierto.
Escobar es sin duda optimista ante el futuro. Yo quiero serlo también aunque no dejo de escuchar en los comercios el rumrum de la preocupación por los efectos del Plan de Transición del Ejército y de esas cartas al centenar largo de mandos que en poco tiempo pasarán a situación de disponibilidad tras haber perdido sus destinos o plazas en Melilla. Le aseguro que se conjeturan las peores hipótesis en torno a las verdaderas razones de esa polémica medida, que tanta inquietud colectiva genera y que también hace tambalear en muchos el sentimiento de seguridad en el futuro de Melilla.
No crean que estoy derrotista, lo que pasa es que me conmuevo ante la muerte de los dos huelguistas que ayer perdieron su vida en Granada y Portugal, al intentar captar a otros camioneros y transportistas para el seguimiento de la huelga. Los efectos de la protesta están empezando a notarse en el resto del país y empiezan a mermar las reservas en los mercados de mayoristas. La situación aún no es tan grave como la crisis que ha llevado a los camioneros a tomar medidas tan drásticas. En Melilla, donde el tiempo corre de otro modo, la incidencia es por ahora pequeña y, según nuestras autoridades, puramente excepcional aunque a más de uno le haya costado cuatro horas de espera forzosa poder coger el barco.
LA DIANA DEL MARTES- 10-6-8
LA DIANA
Legalizar la esclavitud
Por Irene Flores
Se avecinan tiempos fatales y no quiero con esto hacer ningún canto al pesimismo o el derrotismo, pero la intención de legalizar jornadas laborales de hasta 65 horas semanales, como se estudia estos días en el seno de la Unión Europea, es un atentado claro contra la posibilidad de avanzar en un mundo más solidario, justo y saludable.
No son sólo los derechos de los trabajadores los que se ven amenazados. Se trata de una opción de vida. Andamos pasando vertiginosamente del Estado del Bienestar al Estado de la Esclavitud y de la mayor desregularización estatal, en beneficio solo del gran capital y no de las economías domésticas ni tampoco de las nacionales.
Es evidente que supone un paso atrás. Que se carga el espíritu del 1 de Mayo, el mismo que consagraron con sus vidas los trabajadores de Chicago que en 1886 reivindicaron una jornada laboral de ocho horas.
Es un sarcasmo y un insulto a la inteligencia. Una jornada laboral de 65 horas no garantiza, como alegan sus defensores, una mayor salud y calidad de vida entre los trabajadores. Más que cargarse la pretendida conciliación laboral y familiar que aún constituye una asignatura pendiente, al menos en nuestro país, lo que hace es institucionalizar jornadas de esclavitud que en ningún caso pueden tener otra consecuencia que la de mermar la salud y el equilibrio psíquico de la población. Basta con realizar una simple cuenta para deducir que restarían once horas para el mínimo descanso imprescindible, la ingesta de alimentos y el aseo personal, amén del tiempo de transporte hasta el centro de trabajo y retorno al domicilio, las horas precisas para atender y limpiar el hogar, preparar la comida y asegurarse la higiene con el lavado y planchado de la ropa a utilizar. Muchas labores que se multiplican para el caso de que haya que atender a menores y que hacen de esas once horas un tiempo ínfimo, imposible de repartir entre tantas obligaciones y necesidades como se deben cubrir.
No sé dónde están los sindicatos, esas mismas organizaciones cada vez más profesionalizadas que en Melilla rayan el paroxismo de la burocratización y la acomodación, gracias a la nutrida casta de funcionarios que aseguran las liberaciones de sus dirigentes.
Tampoco sé dónde están los grupos de izquierda o de centro incluso que apuestan, según dicen, por un mundo más justo y solidario, por una calidad mínima en consonancia con un respeto básico a la carta de Derechos Humanos.
La directiva que pretende aprobar la Comisión Europea se carga de un plumazo la idea de una Europa identificada con el progreso y los avances sociales. Nos retrotrae al siglo XIX y establece un marco económico del que difícilmente podrán escapar los países comunitarios por mucho que rechacen con su legislación la misma directiva. El efecto dumping, el temido juego económico desde ilícitas situaciones de ventaja que acaban reventando el mercado, es una amenaza certera en la Europa actual.
Con independencia de las presiones que puedan ejercer las multinacionales que condicionen su localización o permanencia en un país concreto a que se apruebe la leonina jornada de 65 horas, debemos enfrentarnos también al trasvase entre países de trabajadores europeos a los que se podrá aplicar la legislación laboral de su nación de origen. Es decir, que podremos compartir trabajo con semejantes que por menor salario tengan 25 horas más a la semana en su jornada laboral. No hace falta augurar qué tipo de contrataciones van a proliferar en esas circunstancias.
Son estos tiempos fatales, de temor anunciado por la crisis económica, de escepticismo extremo ante la unidad de acción y la fuerza de la opinión mayoritaria. Tiempos que dejan al aire, hechos trizas y en carne viva los principios mismos de la Democracia.
Andamos construyendo una Europa que blinda los intereses de los grupos económicos, una Europa neoliberal donde sólo prima la plusvalía económica y se ponen en solfa los Derechos Humanos. La nueva directiva aprobada hace unas semanas para retener legalmente durante 18 meses a los llamados “irregulares” o inmigrantes sin documentación legal en el país al que emigraron, ya fue un aviso de los tiempos que se avecinan. Tiempos en los que ni siquiera parece haber opción para la protesta. ¿Realmente estamos todos tan muertos, tan indolentes? Parece que no si vemos la reacción desesperada de los transportistas y los pescadores. Quizás sea preciso que lleguemos al límite.
Legalizar la esclavitud
Por Irene Flores
Se avecinan tiempos fatales y no quiero con esto hacer ningún canto al pesimismo o el derrotismo, pero la intención de legalizar jornadas laborales de hasta 65 horas semanales, como se estudia estos días en el seno de la Unión Europea, es un atentado claro contra la posibilidad de avanzar en un mundo más solidario, justo y saludable.
No son sólo los derechos de los trabajadores los que se ven amenazados. Se trata de una opción de vida. Andamos pasando vertiginosamente del Estado del Bienestar al Estado de la Esclavitud y de la mayor desregularización estatal, en beneficio solo del gran capital y no de las economías domésticas ni tampoco de las nacionales.
Es evidente que supone un paso atrás. Que se carga el espíritu del 1 de Mayo, el mismo que consagraron con sus vidas los trabajadores de Chicago que en 1886 reivindicaron una jornada laboral de ocho horas.
Es un sarcasmo y un insulto a la inteligencia. Una jornada laboral de 65 horas no garantiza, como alegan sus defensores, una mayor salud y calidad de vida entre los trabajadores. Más que cargarse la pretendida conciliación laboral y familiar que aún constituye una asignatura pendiente, al menos en nuestro país, lo que hace es institucionalizar jornadas de esclavitud que en ningún caso pueden tener otra consecuencia que la de mermar la salud y el equilibrio psíquico de la población. Basta con realizar una simple cuenta para deducir que restarían once horas para el mínimo descanso imprescindible, la ingesta de alimentos y el aseo personal, amén del tiempo de transporte hasta el centro de trabajo y retorno al domicilio, las horas precisas para atender y limpiar el hogar, preparar la comida y asegurarse la higiene con el lavado y planchado de la ropa a utilizar. Muchas labores que se multiplican para el caso de que haya que atender a menores y que hacen de esas once horas un tiempo ínfimo, imposible de repartir entre tantas obligaciones y necesidades como se deben cubrir.
No sé dónde están los sindicatos, esas mismas organizaciones cada vez más profesionalizadas que en Melilla rayan el paroxismo de la burocratización y la acomodación, gracias a la nutrida casta de funcionarios que aseguran las liberaciones de sus dirigentes.
Tampoco sé dónde están los grupos de izquierda o de centro incluso que apuestan, según dicen, por un mundo más justo y solidario, por una calidad mínima en consonancia con un respeto básico a la carta de Derechos Humanos.
La directiva que pretende aprobar la Comisión Europea se carga de un plumazo la idea de una Europa identificada con el progreso y los avances sociales. Nos retrotrae al siglo XIX y establece un marco económico del que difícilmente podrán escapar los países comunitarios por mucho que rechacen con su legislación la misma directiva. El efecto dumping, el temido juego económico desde ilícitas situaciones de ventaja que acaban reventando el mercado, es una amenaza certera en la Europa actual.
Con independencia de las presiones que puedan ejercer las multinacionales que condicionen su localización o permanencia en un país concreto a que se apruebe la leonina jornada de 65 horas, debemos enfrentarnos también al trasvase entre países de trabajadores europeos a los que se podrá aplicar la legislación laboral de su nación de origen. Es decir, que podremos compartir trabajo con semejantes que por menor salario tengan 25 horas más a la semana en su jornada laboral. No hace falta augurar qué tipo de contrataciones van a proliferar en esas circunstancias.
Son estos tiempos fatales, de temor anunciado por la crisis económica, de escepticismo extremo ante la unidad de acción y la fuerza de la opinión mayoritaria. Tiempos que dejan al aire, hechos trizas y en carne viva los principios mismos de la Democracia.
Andamos construyendo una Europa que blinda los intereses de los grupos económicos, una Europa neoliberal donde sólo prima la plusvalía económica y se ponen en solfa los Derechos Humanos. La nueva directiva aprobada hace unas semanas para retener legalmente durante 18 meses a los llamados “irregulares” o inmigrantes sin documentación legal en el país al que emigraron, ya fue un aviso de los tiempos que se avecinan. Tiempos en los que ni siquiera parece haber opción para la protesta. ¿Realmente estamos todos tan muertos, tan indolentes? Parece que no si vemos la reacción desesperada de los transportistas y los pescadores. Quizás sea preciso que lleguemos al límite.
LA DIANA DEL DOMINGO
Inaugurando el verano
Por Irene Flores
Melilla huele ya a verano. Los días son cada vez más largos y esplendorosos en su curso natural hacia el solsticio estival que nos traerá, un año más, la antigua tradición de la hoguera de San Juan, de la magia eterna de la renovación, del mito de ave Fénix que resurge del fuego, amén de otras tradiciones que explican el atávico rito de encender hogueras y quemar trastos viejos en el día solar más largo del año.
En ese ambiente que impregna este primer sábado del mes de junio resulta especialmente costoso ponerse a leer y reflexionar sobre lo que dicen nuestros políticos. Se convierte en un puro tostón verlos cómo se preocupan tantísimo de estar cada vez más en innumerables órganos de representación, de crear más aparatos administrativos y burocracia desde los que ensanchar y ejercer el poder. Comprendo el discurso de la oposición sobre el Consejo Económico y Social, sus quejas por no estar presentes en la Mesa de Contratación o por no obtener algo más de cancha por parte del Gobierno Imbroda; pero no entiendo que estas sean prácticamente las únicas preocupaciones de los mismos grupos opositores. Y menos aún la guerra constante por ponerse medallas. La última a costa de las obras de Horcas Coloradas. Desde el PSOE ya se está empezando a vender que es cosa del ‘Gobierno de España’, pero no nos engañemos. Se trata de un proyecto aprobado y consensuado junto a la Ciudad Autónoma, que ha trabajado con denuedo por sacarlo adelante. Que logró el compromiso del Ministerio de Medio Ambiente para llevarlo a cabo en tiempos del segundo Gobierno de José María Aznar y que se ha visto frenado, por los desencuentros posteriores con la administración socialista, pero también por una falta de diálogo que resulta intolerable. ¿Tanto tiempo hacia falta para llegar a un punto de acuerdo? ¿Nos vamos a pelear ahora por quién ha sido el responsable de tan torpe cabezonería?¿Algún político cree verdaderamente que los ciudadanos vamos a tragarnos el viejo cuento de los buenos y los malos?.
El proyecto necesita trabajo en común, porque la propia Ciudad ha sufragado la primera parte de ese proyecto y también gastará millones de euros de más para crear unos accesos que faciliten el disfrute de la playa por quienes no pueden hacerlo únicamente a pie. Así que menos medallas sectarias y más trabajo en común, que de tanta cantinela y falso sentido patrimonialista de la gestión pública, ya estamos más que cansados.
Ni comento las declaraciones del viceconsejero de Medio Ambiente, Guillermo Merino, en contra de Dionisio Muñoz por sus desafortunadas acusaciones contra El Barkani. Van a conseguir, con tanta insistencia, darle la vuelta al asunto y hacer de Muñoz un mártir, blanco de las insistentes críticas del PP. Hay gente que ya no sabe ni qué dijo el socialista pero que se solidariza con él porque piensa que está siendo objeto de una campaña excesiva que intenta su acoso y derribo. El PP debería medir mejor cuanto dice, empezando por su presidente Arturo Esteban, de cuyas meteduras de pata ya hay legión en las hemerotecas.
Dicen, y cambio de tercio, que Arturo Esteban tiene los días contados al frente del PP de Melilla, Que se va a hacer cargo de su presidencia Juan José Imbroda. Craso error. En el ánimo por controlarlo todo algunos de sus antecesores que también simultanearon las presidencias del partido y de la Ciudad no tuvieron éxito sino por el contrario el inicio del fin de sus carreras políticas.
El PP melillense se ha desactivado por completo, fagocitado por el Gobierno local. Es un mal que ocurre siempre cuando un partido llega a controlar el gran poder que supone nuestra Administración local, tan presente en tantos órdenes de la vida melillense y principal empresa de nuestra ciudad, amén también de principal contratista de servicios, concesión de subvenciones y ayudas, auxilio para proveedores diversos y demás. En este sentido, suscribo las palabras consideradas malditas de José María Antón, en las que comparaba nuestra administración melillense, por su poder y ascendencia sobre el devenir de la vida melillense, con una administración propia de países llamados socialistas y catalogados de dictaduras desde la perspectiva de nuestra democracia europea. Pero este es otro asunto. El caso es que el PP, que tantos problemas tiene a nivel nacional, también tiene los suyos particulares a nivel local y no parece que se enmienden con facilidad poniendo a Juan José Imbroda al frente del mismo. No sé dónde está el necesario revelo político que debe empezar a tomar protagonismo en el Partido Popular de Melilla.
Y antes de terminar, quien también se va es el director provincial de Educación, José Murillo, de tan polémico paso por nuestra ciudad a causa de muchas de sus decisiones. Le va a sustituir, me aseguran, el inspector de Educación Miguel Heredia. Un funcionario con plaza y carrera en Melilla que, al menos, conoce mejor nuestras singularidades y realidades, lo que le presupone más sensibilidad para poder afrontar mejor los peculiares conflictos de la enseñanza pública en nuestra ciudad.
Por Irene Flores
Melilla huele ya a verano. Los días son cada vez más largos y esplendorosos en su curso natural hacia el solsticio estival que nos traerá, un año más, la antigua tradición de la hoguera de San Juan, de la magia eterna de la renovación, del mito de ave Fénix que resurge del fuego, amén de otras tradiciones que explican el atávico rito de encender hogueras y quemar trastos viejos en el día solar más largo del año.
En ese ambiente que impregna este primer sábado del mes de junio resulta especialmente costoso ponerse a leer y reflexionar sobre lo que dicen nuestros políticos. Se convierte en un puro tostón verlos cómo se preocupan tantísimo de estar cada vez más en innumerables órganos de representación, de crear más aparatos administrativos y burocracia desde los que ensanchar y ejercer el poder. Comprendo el discurso de la oposición sobre el Consejo Económico y Social, sus quejas por no estar presentes en la Mesa de Contratación o por no obtener algo más de cancha por parte del Gobierno Imbroda; pero no entiendo que estas sean prácticamente las únicas preocupaciones de los mismos grupos opositores. Y menos aún la guerra constante por ponerse medallas. La última a costa de las obras de Horcas Coloradas. Desde el PSOE ya se está empezando a vender que es cosa del ‘Gobierno de España’, pero no nos engañemos. Se trata de un proyecto aprobado y consensuado junto a la Ciudad Autónoma, que ha trabajado con denuedo por sacarlo adelante. Que logró el compromiso del Ministerio de Medio Ambiente para llevarlo a cabo en tiempos del segundo Gobierno de José María Aznar y que se ha visto frenado, por los desencuentros posteriores con la administración socialista, pero también por una falta de diálogo que resulta intolerable. ¿Tanto tiempo hacia falta para llegar a un punto de acuerdo? ¿Nos vamos a pelear ahora por quién ha sido el responsable de tan torpe cabezonería?¿Algún político cree verdaderamente que los ciudadanos vamos a tragarnos el viejo cuento de los buenos y los malos?.
El proyecto necesita trabajo en común, porque la propia Ciudad ha sufragado la primera parte de ese proyecto y también gastará millones de euros de más para crear unos accesos que faciliten el disfrute de la playa por quienes no pueden hacerlo únicamente a pie. Así que menos medallas sectarias y más trabajo en común, que de tanta cantinela y falso sentido patrimonialista de la gestión pública, ya estamos más que cansados.
Ni comento las declaraciones del viceconsejero de Medio Ambiente, Guillermo Merino, en contra de Dionisio Muñoz por sus desafortunadas acusaciones contra El Barkani. Van a conseguir, con tanta insistencia, darle la vuelta al asunto y hacer de Muñoz un mártir, blanco de las insistentes críticas del PP. Hay gente que ya no sabe ni qué dijo el socialista pero que se solidariza con él porque piensa que está siendo objeto de una campaña excesiva que intenta su acoso y derribo. El PP debería medir mejor cuanto dice, empezando por su presidente Arturo Esteban, de cuyas meteduras de pata ya hay legión en las hemerotecas.
Dicen, y cambio de tercio, que Arturo Esteban tiene los días contados al frente del PP de Melilla, Que se va a hacer cargo de su presidencia Juan José Imbroda. Craso error. En el ánimo por controlarlo todo algunos de sus antecesores que también simultanearon las presidencias del partido y de la Ciudad no tuvieron éxito sino por el contrario el inicio del fin de sus carreras políticas.
El PP melillense se ha desactivado por completo, fagocitado por el Gobierno local. Es un mal que ocurre siempre cuando un partido llega a controlar el gran poder que supone nuestra Administración local, tan presente en tantos órdenes de la vida melillense y principal empresa de nuestra ciudad, amén también de principal contratista de servicios, concesión de subvenciones y ayudas, auxilio para proveedores diversos y demás. En este sentido, suscribo las palabras consideradas malditas de José María Antón, en las que comparaba nuestra administración melillense, por su poder y ascendencia sobre el devenir de la vida melillense, con una administración propia de países llamados socialistas y catalogados de dictaduras desde la perspectiva de nuestra democracia europea. Pero este es otro asunto. El caso es que el PP, que tantos problemas tiene a nivel nacional, también tiene los suyos particulares a nivel local y no parece que se enmienden con facilidad poniendo a Juan José Imbroda al frente del mismo. No sé dónde está el necesario revelo político que debe empezar a tomar protagonismo en el Partido Popular de Melilla.
Y antes de terminar, quien también se va es el director provincial de Educación, José Murillo, de tan polémico paso por nuestra ciudad a causa de muchas de sus decisiones. Le va a sustituir, me aseguran, el inspector de Educación Miguel Heredia. Un funcionario con plaza y carrera en Melilla que, al menos, conoce mejor nuestras singularidades y realidades, lo que le presupone más sensibilidad para poder afrontar mejor los peculiares conflictos de la enseñanza pública en nuestra ciudad.
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Concord representa 'Esperando a Godot'
Magistral representación de ‘Esperando a Godot’ por el grupo Concord
Con medios propios, la compañía reafirmó en su treinta aniversario su compromiso con la cultura local a pesar del boicot oficial
Concord convirtió el pasado jueves su puesta en escena de “Esperando a Godot” en una auténtico reafirmación de su larga trayectoria en pro del teatro de compromiso. El baño de aplausos con que se cerró la representación sirvió además para renovar la apuesta cultural de una compañía que desde hace dos años sufre un férreo boicot por parte del Gobierno de la Ciudad.
“Nosotros os necesitamos y Melilla también necesita a Concord”. Con esta frase terminó su breve discurso el director, José María Antón, ilustre catedrático emérito de nuestra ciudad y fundador junto a su esposa, María Teresa Jornet, de la compañía de teatro local más antigua de cuantas se encuentran activas hoy en Melilla.
Cumplidos los treinta años y un elenco de actores que, en algunos casos, llevan más de dos décadas unidos a Concord, el grupo puso en escena, con medios propios y el apoyo de sus más fervientes seguidores, la obra de Samuel Beckett ‘Esperando a Godot’: Una tragicomedia en dos actos, adaptada para la ocasión por José María Antón, que en su sencillez y aparente simpleza encierra un crudo y pesado trasfondo.
El reto, muy alto y difícil, fue superado con maestría por los actores. Una vez más se demostró que, en el caso de Concord, el título de amateur sólo sirve para definir la afición y vocación de sus integrantes. La calidad, acierto y convencimiento con que se desarrolló la obra, reafirmó nuevamente que el grupo es capaz de lograr una puesta en escena tan digna como la de cualquier compañía profesional.
Resulta difícil destacar a un personaje sobre otro, aunque también sería injusto no subrayar el papel de Santi Anglada: hilo conductor de una obra que ahonda de forma sencilla pero contundente en la carencia de significado de la vida moderna, en el ‘absurdo teatral’ del devenir que llega, pasa y termina sin explicitar su sentido ni finalidad.
Impresiones
Particularmente pensaba, desde mi ignorancia, que iba a encontrarme con una obra más espesa, con peroratas o soliloquios sobre el sin sentido de la existencia. Pero no, me sorprendió. En su sencillez carga su simbolismo y exhibe los rigores del ansía huérfana de consuelo tan presente en la vida de los seres humanos.
Brillante Santi Anglada: muy comunicativo y capaz de crear complicidad con el público; Creíble y humano sobre todo, el “Gogo” de Fran Rodríguez; Implacable en su progresión como actor, Francisco Casaña, tan convincente y rotundo también en su interpretación de “Pozzo”, el tirano; Genial, conmovedor y hasta simpático en su tremenda tragedia, “Lucky”, el criado esclavizado; Humilde y perfecto en su papel, Jesús Castejón, ‘el Muchacho’.
La obra gustó. Se hizo amena y explotó con éxito sus guiños cómicos. El ‘Perelló’, como siempre, espléndido, con esa acústica perfecta de auténtico Teatro.
El lleno fue completo aunque parte del público, que había acudido incluso con niños de muy corta edad, no continuó la sesión tras el descanso. Aún así, no mermaron en exceso los huecos en las filas de butacas. Concord mantiene más que viva su capacidad de convocatoria y más aún en estos tiempos de boicot oficial que le han procurado tantas y nuevas manifestaciones de solidaridad entre los melillenses.
La dirección de Antón puso, sin duda, el sello de calidad. Y Luis Galván y Toñi Borreguero, en sus respectivos papeles de escenógrafo y regidora, supieron sacar partido a un decorado sencillo, aparentemente casi desnudo pero recreado con sombras y vagas imágenes superpuestas que ayudaban a centrarnos en el marco de la trama, en la profundidad de un abismo roto tan sólo por un árbol desnudo y el contraste eterno entre la oscuridad de la noche y el resplandor de la luna.
Poesía, denuncia, compromiso, invitación a la reflexión y puro ejercicio artístico. Esto fue lo que hizo posible Concord con su versión de “Esperando a Godot” en el Perelló, el pasado jueves por la noche.
Como colofón, los aplausos de un público satisfecho, puesto en pie, para el que no pasaron por alto los guiños cómicos de la tragedia.
Por último, las palabras de Antón, sabias como siempre, contestatarias contra una política cultural que calificó de “deslabazada”, definitivas en el compromiso con Melilla y su cultura, prometedoras por los proyectos nuevos que les aguardan al grupo, entre otros la gira de Octubre por Andalucía, donde las instituciones culturales sí tienen presupuesto para contribuir a que Concord haga teatro.
Con medios propios, la compañía reafirmó en su treinta aniversario su compromiso con la cultura local a pesar del boicot oficial
Concord convirtió el pasado jueves su puesta en escena de “Esperando a Godot” en una auténtico reafirmación de su larga trayectoria en pro del teatro de compromiso. El baño de aplausos con que se cerró la representación sirvió además para renovar la apuesta cultural de una compañía que desde hace dos años sufre un férreo boicot por parte del Gobierno de la Ciudad.
“Nosotros os necesitamos y Melilla también necesita a Concord”. Con esta frase terminó su breve discurso el director, José María Antón, ilustre catedrático emérito de nuestra ciudad y fundador junto a su esposa, María Teresa Jornet, de la compañía de teatro local más antigua de cuantas se encuentran activas hoy en Melilla.
Cumplidos los treinta años y un elenco de actores que, en algunos casos, llevan más de dos décadas unidos a Concord, el grupo puso en escena, con medios propios y el apoyo de sus más fervientes seguidores, la obra de Samuel Beckett ‘Esperando a Godot’: Una tragicomedia en dos actos, adaptada para la ocasión por José María Antón, que en su sencillez y aparente simpleza encierra un crudo y pesado trasfondo.
El reto, muy alto y difícil, fue superado con maestría por los actores. Una vez más se demostró que, en el caso de Concord, el título de amateur sólo sirve para definir la afición y vocación de sus integrantes. La calidad, acierto y convencimiento con que se desarrolló la obra, reafirmó nuevamente que el grupo es capaz de lograr una puesta en escena tan digna como la de cualquier compañía profesional.
Resulta difícil destacar a un personaje sobre otro, aunque también sería injusto no subrayar el papel de Santi Anglada: hilo conductor de una obra que ahonda de forma sencilla pero contundente en la carencia de significado de la vida moderna, en el ‘absurdo teatral’ del devenir que llega, pasa y termina sin explicitar su sentido ni finalidad.
Impresiones
Particularmente pensaba, desde mi ignorancia, que iba a encontrarme con una obra más espesa, con peroratas o soliloquios sobre el sin sentido de la existencia. Pero no, me sorprendió. En su sencillez carga su simbolismo y exhibe los rigores del ansía huérfana de consuelo tan presente en la vida de los seres humanos.
Brillante Santi Anglada: muy comunicativo y capaz de crear complicidad con el público; Creíble y humano sobre todo, el “Gogo” de Fran Rodríguez; Implacable en su progresión como actor, Francisco Casaña, tan convincente y rotundo también en su interpretación de “Pozzo”, el tirano; Genial, conmovedor y hasta simpático en su tremenda tragedia, “Lucky”, el criado esclavizado; Humilde y perfecto en su papel, Jesús Castejón, ‘el Muchacho’.
La obra gustó. Se hizo amena y explotó con éxito sus guiños cómicos. El ‘Perelló’, como siempre, espléndido, con esa acústica perfecta de auténtico Teatro.
El lleno fue completo aunque parte del público, que había acudido incluso con niños de muy corta edad, no continuó la sesión tras el descanso. Aún así, no mermaron en exceso los huecos en las filas de butacas. Concord mantiene más que viva su capacidad de convocatoria y más aún en estos tiempos de boicot oficial que le han procurado tantas y nuevas manifestaciones de solidaridad entre los melillenses.
La dirección de Antón puso, sin duda, el sello de calidad. Y Luis Galván y Toñi Borreguero, en sus respectivos papeles de escenógrafo y regidora, supieron sacar partido a un decorado sencillo, aparentemente casi desnudo pero recreado con sombras y vagas imágenes superpuestas que ayudaban a centrarnos en el marco de la trama, en la profundidad de un abismo roto tan sólo por un árbol desnudo y el contraste eterno entre la oscuridad de la noche y el resplandor de la luna.
Poesía, denuncia, compromiso, invitación a la reflexión y puro ejercicio artístico. Esto fue lo que hizo posible Concord con su versión de “Esperando a Godot” en el Perelló, el pasado jueves por la noche.
Como colofón, los aplausos de un público satisfecho, puesto en pie, para el que no pasaron por alto los guiños cómicos de la tragedia.
Por último, las palabras de Antón, sabias como siempre, contestatarias contra una política cultural que calificó de “deslabazada”, definitivas en el compromiso con Melilla y su cultura, prometedoras por los proyectos nuevos que les aguardan al grupo, entre otros la gira de Octubre por Andalucía, donde las instituciones culturales sí tienen presupuesto para contribuir a que Concord haga teatro.
sábado, 7 de junio de 2008
Boicot a Concord 2
LA DIANA
Más sobre Concord
Por Irene Flores
La representación de Concord fue un éxito el jueves pasado. Me gustó la obra, la puesta en escena según la nueva versión adaptada que José María Antón ha realizado de “Esperando a Godot”. De ello hablo más largo y tendido en una página dedicada a una crónica sobre la representación. No obstante, quisiera ahondar en el conflicto actual que vive el grupo. En el Pleno de Control del viernes de la pasada semana, la consejera de Cultura, Simi Chocrón, no entró en polémicas, se limitó a decir que Concord ni ha solicitado reglamentariamente subvenciones –motivo por el que no se le dan-, ni, por lo visto, entra en los criterios de selección que sigue la Consejería para contratar representaciones con compañías de teatro locales o foráneas, de aficionados o profesionales.
Concord está proscrito porque su director, José María Antón, criticó severamente la política cultural de la consejera y también a la misma consejera. De esto ya he hablado, no voy a insistir. Pero sí en la tremenda injusticia que supone revertir en todo un grupo de teatro la intolerable represión de uno de los promotores principales de la cultura y el teatro en Melilla.
Al final de la representación, José María Antón, en unas declaraciones a Cablemel, reconocía que sus críticas no se realizaron ni en el marco ni en el momento adecuados. No se trata de rectificar lo que uno sostiene, tampoco de desmerecer su propuesta de crear un Consejo Municipal de las Artes que, como dijo Antón en aquel polémico discurso, fuera capaz de determinar y decidir con mayor acierto y participación de todos los actores y protagonistas del mundo cultural de nuestra ciudad, cuál es la mejor forma de invertir los recursos que tenemos en lograr una mejor y más interesante oferta para los melillenses.
A nadie favorece lo que está ocurriendo. Ni al Gobierno local, que en su boicot no encuentra respaldo y opaca el éxito de un balance plagado de muy buenos resultados tras su primer año de gestión desde las elecciones de mayo de 2007,; ni a los espectadores de la ciudad, a los que se nos hurta la posibilidad de disfrutar de un grupo como Concord, que ya ha cumplido treinta años haciendo teatro en Melilla.
Espero y deseo que Cultura y el Gobierno local, especialmente el presidente de la Ciudad, sean capaces de reconducir el asunto y evitar que llegue más lejos, que se enquiste y convierta en un símbolo de ‘intolerancia’ del Ejecutivo melillense, como astutamente ya pretenden quienes, desde el ámbito de la política, demuestran inusitada y repentinamente un novísimo apoyo a este grupo de teatro.
Concord puso en escena una versión adaptada por José María Antón de ‘Esperando a Godot’, la obra del Premio Nobel Samuel Beckett, que trata de la falta de sentido de la vida moderna, del absurdo del devenir diario para muchos seres humanos, de la falta de consuelo en nuestra propia ansia vital. Una mirada existencialista de la vida desde una perspectiva cargada de trasfondo pero magistral por la sencillez con que es capaz de revestirse de tanto simbolismo. Es el estilo de Concord, que siempre se ha guiado por el trabajo concienzudo, bien hecho, al servicio del teatro como herramienta de enseñanza, como didáctica para la vida cotidiana, como expresión artística pero también ejercicio del compromiso social.
Concord sigue aportando un contrapunto de mucho nivel a un panorama de teatro local donde hay para todos los gustos, pero donde el listón, cada vez más alto gracias a agrupaciones como ‘Bombalurina’, estaría cojo, mutilado sin la compañía de José María Antón.
Han pasado dos años desde aquella polémica, puedo comprender la sensación de ofensa fuera de lugar hacia quienes no habían convocado a Don José María para otra cosa que no fuera halagarle, reconocerle por su mérito social y su dedicación a la cultura en nuestra ciudad.
Tras dos años, es un contrasentido tan grotesco, una paradoja tan dura de digerir que quien así fue distinguido sea discriminado y perseguido, y junto a él todo un grupo de melillenses con vocación de hacer teatro, que resulta insuperable tolerar la discriminación de Concord.
Quizás el Gobierno local piense que este es un tema menor, pero yerra sí así lo cree. El conflicto se está convirtiendo en un tema sensible, en un ‘símbolo’ que el Gobierno Imbroda debería superar lo antes posible, aunque sólo fuera por interés propio, por no caer en la extrema torpeza que políticamente supone mantenerlo vivo.
Más sobre Concord
Por Irene Flores
La representación de Concord fue un éxito el jueves pasado. Me gustó la obra, la puesta en escena según la nueva versión adaptada que José María Antón ha realizado de “Esperando a Godot”. De ello hablo más largo y tendido en una página dedicada a una crónica sobre la representación. No obstante, quisiera ahondar en el conflicto actual que vive el grupo. En el Pleno de Control del viernes de la pasada semana, la consejera de Cultura, Simi Chocrón, no entró en polémicas, se limitó a decir que Concord ni ha solicitado reglamentariamente subvenciones –motivo por el que no se le dan-, ni, por lo visto, entra en los criterios de selección que sigue la Consejería para contratar representaciones con compañías de teatro locales o foráneas, de aficionados o profesionales.
Concord está proscrito porque su director, José María Antón, criticó severamente la política cultural de la consejera y también a la misma consejera. De esto ya he hablado, no voy a insistir. Pero sí en la tremenda injusticia que supone revertir en todo un grupo de teatro la intolerable represión de uno de los promotores principales de la cultura y el teatro en Melilla.
Al final de la representación, José María Antón, en unas declaraciones a Cablemel, reconocía que sus críticas no se realizaron ni en el marco ni en el momento adecuados. No se trata de rectificar lo que uno sostiene, tampoco de desmerecer su propuesta de crear un Consejo Municipal de las Artes que, como dijo Antón en aquel polémico discurso, fuera capaz de determinar y decidir con mayor acierto y participación de todos los actores y protagonistas del mundo cultural de nuestra ciudad, cuál es la mejor forma de invertir los recursos que tenemos en lograr una mejor y más interesante oferta para los melillenses.
A nadie favorece lo que está ocurriendo. Ni al Gobierno local, que en su boicot no encuentra respaldo y opaca el éxito de un balance plagado de muy buenos resultados tras su primer año de gestión desde las elecciones de mayo de 2007,; ni a los espectadores de la ciudad, a los que se nos hurta la posibilidad de disfrutar de un grupo como Concord, que ya ha cumplido treinta años haciendo teatro en Melilla.
Espero y deseo que Cultura y el Gobierno local, especialmente el presidente de la Ciudad, sean capaces de reconducir el asunto y evitar que llegue más lejos, que se enquiste y convierta en un símbolo de ‘intolerancia’ del Ejecutivo melillense, como astutamente ya pretenden quienes, desde el ámbito de la política, demuestran inusitada y repentinamente un novísimo apoyo a este grupo de teatro.
Concord puso en escena una versión adaptada por José María Antón de ‘Esperando a Godot’, la obra del Premio Nobel Samuel Beckett, que trata de la falta de sentido de la vida moderna, del absurdo del devenir diario para muchos seres humanos, de la falta de consuelo en nuestra propia ansia vital. Una mirada existencialista de la vida desde una perspectiva cargada de trasfondo pero magistral por la sencillez con que es capaz de revestirse de tanto simbolismo. Es el estilo de Concord, que siempre se ha guiado por el trabajo concienzudo, bien hecho, al servicio del teatro como herramienta de enseñanza, como didáctica para la vida cotidiana, como expresión artística pero también ejercicio del compromiso social.
Concord sigue aportando un contrapunto de mucho nivel a un panorama de teatro local donde hay para todos los gustos, pero donde el listón, cada vez más alto gracias a agrupaciones como ‘Bombalurina’, estaría cojo, mutilado sin la compañía de José María Antón.
Han pasado dos años desde aquella polémica, puedo comprender la sensación de ofensa fuera de lugar hacia quienes no habían convocado a Don José María para otra cosa que no fuera halagarle, reconocerle por su mérito social y su dedicación a la cultura en nuestra ciudad.
Tras dos años, es un contrasentido tan grotesco, una paradoja tan dura de digerir que quien así fue distinguido sea discriminado y perseguido, y junto a él todo un grupo de melillenses con vocación de hacer teatro, que resulta insuperable tolerar la discriminación de Concord.
Quizás el Gobierno local piense que este es un tema menor, pero yerra sí así lo cree. El conflicto se está convirtiendo en un tema sensible, en un ‘símbolo’ que el Gobierno Imbroda debería superar lo antes posible, aunque sólo fuera por interés propio, por no caer en la extrema torpeza que políticamente supone mantenerlo vivo.
Saludos
No sé si alguien me lee en este blog. Creo que no, pero por si acaso, he vuelto con el propósito de cargarlo a diario con mis "Dianas". Es un capricho personal que espero pueda servir para algo. Ojalá lograra intercambiar ideas a través de este blog. Es mi deseo. Muchas gracias a quien me lea.
El boicot a Concord 1
LA DIANA
¿Qué pasa con Concord?
Por Irene Flores
Me resulta inexplicable, inaudito y vergonzoso que Concord esté siendo víctima de una persecución directa y vengativa por el discurso que su director, José María Antón, pronunció en 2006 con motivo de su nominación para las placas al mérito social que concede la Ciudad Autónoma.
José María Antón, catedrático emérito y gran promotor de la cultura y el teatro en Melilla, es un hombre crítico en esencia, con un prisma de la vida y las situaciones muchas veces distinto, siempre interesante.
Todos los que han dado clases con él lo han respetado, en algunos casos han podido temerle pero siempre le han reconocido sus muchos méritos como profesor, comprometido además con una educación integral del estudiante.
Quienes hemos tenido la suerte de participar de Concord, hemos sido afortunados y hemos aprendido con sus lecciones magistrales a pie de escenario.
Es posible que aquel discurso no fuera oportuno, que su crítica estuviera fuera de lugar no por sí mismo sino también por respeto a quienes, junto a él, merecían el mismo galardón y el mismo protagonismo. La opinión, siempre subjetiva, puede ser muy variada al enjuiciar las polémicas palabras en las que Don José María comparaba a Melilla con la dictadura cubana. Su intención, según me relató, no fue tan peyorativa como muchos la tomaron, sino en el sentido innegable del papel único, casi exclusivo que nuestra Ciudad Autónoma tiene como principal empresa local en la dinamización y apoyo de todos los órdenes de nuestra vida social.
A la postre se ha cumplido por parte de los mismos políticos que se sintieron ofendidos la peor interpretación posible de las palabras del ‘jefe’ –como cariñosamente lo llaman los actores- y la respuesta a un discurso libre ha sido la propia de una dictadura: la persecución y condena al ostracismo de quien critica rotundamente al gobernante de turno.
No sé quién es el responsable de lo que está sucediendo, al margen de la responsabilidad directa de la consejera de Cultura, que junto al resto del Gobierno local ha decidido apostar de forma intensa y exclusiva por el grupo de teatro ‘Arrabal’ y especialmente por su director Paco Gámez.
No pienso quitar ni un ápice de valor al trabajo de esta otra compañía de teatro y de su director, colaborador de este y otros medios de comunicación locales, al que agradezco públicamente su disponibilidad y buen ánimo siempre que se le solicita apoyo para nuestro periódico. Sin embargo, es desmedido, grosero, zafio que se dé tanto a unos y no se dé nada a los otros.
El asunto alcanza al presidente de la Ciudad. Lo pone en solfa como lo anda poniendo también el caso de Inés Urdiales, para el que urge una clara explicación, del mismo modo que urge una declaración pública de la Consejería de Cultura sobre lo que pasa con Concord.
Tuve la oportunidad de hablar hace algo más de un año de este asunto con la consejera Simi Chocrón, que me aseguró que el único problema radicaba en que estaba pendiente de justificación una subvención anterior y que, entre tanto no se produjera, la ley impide conceder nuevas subvenciones a cualquier asociación o grupo cultural con ‘cuentas pendientes’.
Desde Concord se me niega este extremo y se asegura que todo está justificado. Para el grupo de teatro no hay duda de que la razón radica en la indisposición que provocó en el Gobierno local aquel discurso de José María Antón.
Cuesta creerlo pero parece ser cierto tras dos años en los que la compañía no recibe dinero público desde Melilla y, en cambio, sí ha logrado apoyos que le han permitido actuar en Málaga o Granada.
Lo que se está haciendo no daña sólo a un colectivo comprometido con la cultura, perjudica a toda Melilla, desprovee a los melillenses del derecho a ver a sus grupos locales de teatro. Es una vergüenza que espero el Gobierno sepa corregir antes de que se convierta en un símbolo de su forma de actuar contra quien es capaz de criticarlo abiertamente, por muy desafortunado, inoportuno o ingrato que se sea al hacerlo.
Concord, con medios propios, va a actuar en el Perelló el próximo día 5 de junio. Confía en la venta de localidades que espero sea al completo. Hay que apoyarlos.
¿Qué pasa con Concord?
Por Irene Flores
Me resulta inexplicable, inaudito y vergonzoso que Concord esté siendo víctima de una persecución directa y vengativa por el discurso que su director, José María Antón, pronunció en 2006 con motivo de su nominación para las placas al mérito social que concede la Ciudad Autónoma.
José María Antón, catedrático emérito y gran promotor de la cultura y el teatro en Melilla, es un hombre crítico en esencia, con un prisma de la vida y las situaciones muchas veces distinto, siempre interesante.
Todos los que han dado clases con él lo han respetado, en algunos casos han podido temerle pero siempre le han reconocido sus muchos méritos como profesor, comprometido además con una educación integral del estudiante.
Quienes hemos tenido la suerte de participar de Concord, hemos sido afortunados y hemos aprendido con sus lecciones magistrales a pie de escenario.
Es posible que aquel discurso no fuera oportuno, que su crítica estuviera fuera de lugar no por sí mismo sino también por respeto a quienes, junto a él, merecían el mismo galardón y el mismo protagonismo. La opinión, siempre subjetiva, puede ser muy variada al enjuiciar las polémicas palabras en las que Don José María comparaba a Melilla con la dictadura cubana. Su intención, según me relató, no fue tan peyorativa como muchos la tomaron, sino en el sentido innegable del papel único, casi exclusivo que nuestra Ciudad Autónoma tiene como principal empresa local en la dinamización y apoyo de todos los órdenes de nuestra vida social.
A la postre se ha cumplido por parte de los mismos políticos que se sintieron ofendidos la peor interpretación posible de las palabras del ‘jefe’ –como cariñosamente lo llaman los actores- y la respuesta a un discurso libre ha sido la propia de una dictadura: la persecución y condena al ostracismo de quien critica rotundamente al gobernante de turno.
No sé quién es el responsable de lo que está sucediendo, al margen de la responsabilidad directa de la consejera de Cultura, que junto al resto del Gobierno local ha decidido apostar de forma intensa y exclusiva por el grupo de teatro ‘Arrabal’ y especialmente por su director Paco Gámez.
No pienso quitar ni un ápice de valor al trabajo de esta otra compañía de teatro y de su director, colaborador de este y otros medios de comunicación locales, al que agradezco públicamente su disponibilidad y buen ánimo siempre que se le solicita apoyo para nuestro periódico. Sin embargo, es desmedido, grosero, zafio que se dé tanto a unos y no se dé nada a los otros.
El asunto alcanza al presidente de la Ciudad. Lo pone en solfa como lo anda poniendo también el caso de Inés Urdiales, para el que urge una clara explicación, del mismo modo que urge una declaración pública de la Consejería de Cultura sobre lo que pasa con Concord.
Tuve la oportunidad de hablar hace algo más de un año de este asunto con la consejera Simi Chocrón, que me aseguró que el único problema radicaba en que estaba pendiente de justificación una subvención anterior y que, entre tanto no se produjera, la ley impide conceder nuevas subvenciones a cualquier asociación o grupo cultural con ‘cuentas pendientes’.
Desde Concord se me niega este extremo y se asegura que todo está justificado. Para el grupo de teatro no hay duda de que la razón radica en la indisposición que provocó en el Gobierno local aquel discurso de José María Antón.
Cuesta creerlo pero parece ser cierto tras dos años en los que la compañía no recibe dinero público desde Melilla y, en cambio, sí ha logrado apoyos que le han permitido actuar en Málaga o Granada.
Lo que se está haciendo no daña sólo a un colectivo comprometido con la cultura, perjudica a toda Melilla, desprovee a los melillenses del derecho a ver a sus grupos locales de teatro. Es una vergüenza que espero el Gobierno sepa corregir antes de que se convierta en un símbolo de su forma de actuar contra quien es capaz de criticarlo abiertamente, por muy desafortunado, inoportuno o ingrato que se sea al hacerlo.
Concord, con medios propios, va a actuar en el Perelló el próximo día 5 de junio. Confía en la venta de localidades que espero sea al completo. Hay que apoyarlos.
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