Artículos de opinión de la actualidad melillense

miércoles, 11 de junio de 2008

LA DIANA DEL MIERCOLES 11.-6-8

LA DIANA

Entre la huelga y la incertidumbre

Por Irene Flores

El ronroneo del fútbol resuena con eco propio en las calles de Melilla. Después de tres goles, ya es posible cruzarse incluso con alguna joven que canturrea el nombre de España. Se reedita una fiesta que, por su propia esencia nacionalista, también resucita enfrentamientos fraticidas. La cara y la cruz de un deporte ideado para movilizar a las masas y que, ahora, con el espectáculo televisivo a tutiplé redobla aún más su capacidad de penetración social y estímulo de todo tipo de pasiones.
En ese clima no es posible escribir. Lo mejor es irse a la calle, mientras el día avanza y empiezo a rumiar más lentamente las noticias de la jornada. Entre tanta insistencia sobre la falta de incidencia en Melilla de la huelga de transportistas, no deja de llamar la atención que el Millenium III tuviese que retrasar hasta cuatro horas su salida desde el puerto de Málaga, por problemas a la hora de surtirse de combustible. La prensa nacional tampoco llega pero, claro, para esto tampoco hace falta que haya huelga, aunque también es verdad que ya no pasa con tanta frecuencia como antes.
En todo caso, no vamos a tener problemas de abastecimiento. Nos lo asegura el delegado del Gobierno, quien habla de unos “dispositivos” perfectamente preparados y dispuestos a activarse si se corriera riesgo de carencia de productos básicos en Melilla. El carburante, tan necesario no sólo para que los automóviles funcionen, sino para que ENDESA haga posible la luz en su fábrica, también está garantizado como las medicinas, según Escobar, quien ayer realizó un auténtico repaso a los temas más relevantes de la actualidad en la entrevista que le hizo Montserrat Cobos, directora de la emisora local de Radio Nacional.
De la conversación del delegado, lo que más me llamó la atención y también me resultó más novedoso fue su perspectiva de lo que supone el trasvase del comercio fronterizo a la frontera de Barrio Chino. Lo calificó de “oportunidad histórica” para Melilla, en lo que resonó como el claro anuncio de un final que quizás no nos imaginábamos nunca tan cercano o inmediato. No quiero decir que el comercio fronterizo, el llamado ‘comercio atípico’ que tan acertadamente sobrenombrara quien también fuera delegado del Gobierno, Manuel Céspedes, vaya a desaparecer por el mismo trasvase. Es evidente que sí se traslada es porque va a proseguir, pero también que el cambio, unido a las nuevas circunstancias económicas previstas desde hace tiempo, inicia una nueva etapa en lo que ha sido, para bien o para mal, un símbolo emblemático de parte de la realidad melillense, de una época y un tiempo que cada vez resultan más postreros y a punto de terminar.
Creo, como dice el delegado, que una nueva frontera en Beni-Enzar que haga posible un paso ágil tanto para los lugareños de un lado y otro de la frontera, como para los posibles visitantes a un lado u otro de la misma frontera, es sin duda una necesidad imperiosa, un paso adelante para una ciudad que aspira al progreso y a identificar ese progreso con su sello de territorio europeo. Pero también creo que el comercio fronterizo se nos muere sin que hayamos logrado dejar claro qué nos interesa ante esta época de cambios, qué debemos hacer respecto de nuestra situación aduanera y qué capacidad real tenemos para poner en marcha algunas de las alternativas que ya hemos empezado a esbozar con tanto acierto.
Escobar es sin duda optimista ante el futuro. Yo quiero serlo también aunque no dejo de escuchar en los comercios el rumrum de la preocupación por los efectos del Plan de Transición del Ejército y de esas cartas al centenar largo de mandos que en poco tiempo pasarán a situación de disponibilidad tras haber perdido sus destinos o plazas en Melilla. Le aseguro que se conjeturan las peores hipótesis en torno a las verdaderas razones de esa polémica medida, que tanta inquietud colectiva genera y que también hace tambalear en muchos el sentimiento de seguridad en el futuro de Melilla.
No crean que estoy derrotista, lo que pasa es que me conmuevo ante la muerte de los dos huelguistas que ayer perdieron su vida en Granada y Portugal, al intentar captar a otros camioneros y transportistas para el seguimiento de la huelga. Los efectos de la protesta están empezando a notarse en el resto del país y empiezan a mermar las reservas en los mercados de mayoristas. La situación aún no es tan grave como la crisis que ha llevado a los camioneros a tomar medidas tan drásticas. En Melilla, donde el tiempo corre de otro modo, la incidencia es por ahora pequeña y, según nuestras autoridades, puramente excepcional aunque a más de uno le haya costado cuatro horas de espera forzosa poder coger el barco.

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