“Los Perdedores” de Driss Deiback
Por Irene Flores
Driss Deiback ha vuelto a triunfar en su tierra natal. Aquí el cineasta recibe el espaldazaro más emotivo porque los reconocimientos, dicho sea de paso, han sido muchos y muy valiosos en el periplo previo de presentación nacional e internacional de la película “Los Perdedores”: el nuevo largometraje de Deiback, de corte documental, en el que se rescatan imágenes inéditas de gran valor histórico y se profundiza en distintos aspectos de las relaciones entre los españoles y los bereberes norteafricanos.
El documental nos lleva, de un plumazo, a lo más hondo de la antigua morofobia incardinada en la cultura española desde los tiempos posteriores a la Reconquista y las expulsiones de los Reyes Católicos.
Introduce en el acervo del prototipo español la añadidura que supuso el falso proteccionismo hostil del africanismo durante la primera mitad del siglo XX, y entra de lleno en la época para ir al nudo del documental, cuyo sentido y motivo no es otro que el de exponer el agravio comparativo que sufrieron los rifeños reclutados por Franco para luchar junto al llamado bando nacional en la Guerra Civil.
La cinta no elude la trágica marca que el paso de esas fuerzas de choque, catalogadas de indígenas y ataviadas incluso con sus trajes rurales y tradicionales, representaron para el imaginario española, para la memoria de la izquierda, para el bando republicano que sufrió la derrota tras el golpe de Estado. No elude tampoco la importancia, determinante según algunos historiadores, que tuvieron aquellas tropas para la victoria franquista.
Es un documental valiente que no extraña haya recibido tantos premios y menciones o que haya captado la atención en Francia y Alemania. Y es que Deiback no sólo ha llevado al cine una historia “jamás contada”, como gusta decir al director. Además, ha demostrado otra vez que es capaz de dotar sus relatos de veracidad y vivacidad a través de personajes auténticos que logran conectar con el espectador, hacerlo reír, llorar o identificarse.
El cineasta entra al trapo del debate sobre consideraciones en las que se enfrentan abiertamente las diferentes visiones ideológicas de los historiadores. De un lado, en un ejercicio de reparación de la memoria colectiva de los rifeños que lucharon junto a Franco, abunda en echar por tierra la idea de que actuaron como simples mercenarios. Más allá del propio testimonio de los supervivientes, de la extrema juventud de los reclutados y de las condiciones de vida en el Rif, la feroz propaganda con que se les captó da prueba sobrada de una manipulación que no necesita relatos a través de terceros. El soporte documental de la época, con intervenciones directas del propio Franco y proyecciones de los ‘Nodos’ del momento, pone sobradamente de manifiesto cómo y a qué precio se reclutó a esos rifeños para unas fuerzas de choque donde los muertos se agolpaban a millares.
El documental ni pretende ni sirve para revivir las atrocidades de la Guerra Civil a manos de unos y otros; sabe mostrar el lado humano de unos ‘peones’ que nunca llegaron a ser soldados sino arietes manejados por el africanismo español más rancio y golpista.
En toda la trama predomina sobre todo el drama humano de unos hombres marcados por un destino frente al que tampoco tuvieron mayor opción. La humanidad del testimonio de los melillenses aún supervivientes, su apuesta por la paz y contra las guerras como mensaje final de una película que, sobre todo, denuncia la injusta discriminación histórica a la que estos rifeños siguen sometidos, carga la película de un mensaje general de optimismo y conciliación, que aboga por el entendimiento mutuo, por superar distancias y reencontrarnos con nuestras raíces históricas, con lo mucho que tenemos en común. Justamente el empeño por la interculturalidad que tanto decimos pretender pero con el que a veces comulgamos tan poco cuando a más de uno se le hincha la vena del falso patriota, “español y melillense de siempre”.
Mi enhorabuena a Driss Deiback, que una vez más ha sabido demostrar su maestría como director cinematográfico y que ha hecho posible un documental emocionante que nos atañe directamente y con el que muchos melillenses se sentirán además especialmente identificados.
El refrán dice que nadie es profeta en su tierra y en el caso de Deiback, aunque sus éxitos podrían avalar lo contrario, sigue pasando todavía un poco de esto. Cada vez recibe más el reconocimiento que merece, pero aún así seguimos desaprovechando lo mucho que puede aportar a nuestra ciudad. Al fin y al cabo es nuestro único cineasta, no tiene siquiera competencia. Espero que la Ciudad Autónoma sepa brindarle el apoyo que merece.
Artículos de opinión de la actualidad melillense
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