LA DIANA
Reacciones en positivo
Por Irene Flores
El documental de Driss Deiback ha provocado un impacto inusitado en Melilla. Ayer, el Gobierno local anunciaba su apoyo a la moción que van a defender los senadores melillenses (léase el presidente Juan José Imbroda y María del Carmen Dueñas) para que se corrija por parte del Estado español el agravio comparativo y la injusticia histórica sufrida por los excombatientes rifeños de la Guerra Civil. Por su parte, CpM ha anunciado que buscará apoyos en el Congreso, se supone que entre sus aliados de IU y PSOE, para que se incluya al mismo colectivo en la ley de la Memoria Histórica. Los cepemistas van más lejos y proyectan reactualizar también la moción que presentaron hace un par de años en la Asamblea local para la retirada de la simbología franquista persistente en Melilla.
Es verdad que desde el Gobierno Imbroda se ha aclarado que la iniciativa de los senadores melillenses no es una respuesta automática tras la presentación en Melilla del documental de Deiback, “Los Perdedores”, en el que se trata el agravio cometido con el aludido colectivo de rifeños. Estos asuntos, según el portavoz gubernativo de la Ciudad, exigen de tiempo y así es como asegura viene abordando el Partido Popular la discriminación de los excombatientes rifeños que, en un importante porcentaje, también fueron miembros del Ejército español durante varias décadas, en algunos casos treinta años, sin que por ello tengan mayor reconocimiento ni pensiones a su favor.
En el caso de CpM no sé si será abiertamente pura reacción tras la proyección de la última película del cineasta melillense o simple casualidad. Me inclino por lo primero en ambos casos, también en el del PP, aunque este partido revista de formalidad y estudio previo lo que en su coincidencia temporal parece mucho más que una mera casualidad. Pero esto, al fin y al cabo, es lo de menos. Mientras que no se repare de alguna forma la situación de esos excombatientes y militares durante décadas en el Ejército español, habrá qué preguntarse por qué se les da ese trato, si la razón no es otra que su condición de rifeños, de musulmanes, de ‘moros’ en el sentido lamentable y peyorativo del término.
El Gobierno de Zapatero, el mismo que proclama la alianza de civilizaciones y que cometió un craso error cuando excluyó de su Ley de Memoria Histórica al colectivo de ‘soldados’ rifeños que combatieron junto a Franco, tiene ahora una ocasión única para reparar lo que todavía ningún Gobierno nacional ha sido capaz de ver ni afrontar.
Es de desear que los compromisos, intenciones, iniciativas parlamentarias y mociones varias anunciadas en el día de ayer se encaminen finalmente a buen puerto y no sirvan para crear una nueva gresca entre populares y opositores en la Asamblea de Melilla. De la carrera a quien toma antes la iniciativa de ponerse la medalla frente a la injusticia admitida, al menos en lo que respecta a nuestra clase política local, debemos pasar a aunar esfuerzos si somos consecuentes con el empeño y la bondad que se supone lo inspira.
Para la ciudad sería bueno, más que positiva, la capacidad de reaccionar en conjunto en defensa de los derechos de un colectivo con mucho arraigo en Melilla, donde muchos de los musulmanes, abuelos o padres de las actuales generaciones de melillenses de origen amazigh, formaron parte de aquellas tropas manipuladas por Francisco Franco.
Deseo de verdad que por una vez seamos capaces de hacer las cosas bien y que dejemos de tirarnos los trastos a la cabeza como única manera de entender la política en esta tierra. Sé que suena a buenismo simplista, que habrá quien me diga que es una señal más de lo que muchos catalogan despectivamente de feminización de la política, de lo que otros se atreven incluso a comparar y poner al mismo nivel que la estupidización de la política, tal cual escribía hace unos días, en su columna habitual de ‘El Mundo’, Raúl del Pozo.
Frente a ello pienso que no hay relación alguna entre estupidización y feminización, y aunque no comulgo y me parece absurdo y necio el debate abierto por la nueva ministra de Igualdad sobre la adulteración del castellano, para imponer el género femenino a nombres y adjetivos que se construyen sólo en masculino; sí defiendo un sentido más positivo, menos violento, menos sectario y partidista a la hora de hacer política. Las mujeres, por condiciones naturales, hemos trabajado siempre más en equipo, en el seno familiar, en el cuidado de terceros, en labores a favor de otros más que de nosotras mismas. Los hombres, con su mayor fuerza física, han cazado para sí y para otros también, pero se han curtido en otros valores más propios de la competitividad y el poder de la fuerza. Me remonto a tiempos primitivos que aún
Artículos de opinión de la actualidad melillense
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